Te lo dije – @Mous_Tache

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Atardeciendo, vislumbro los rayos de sol,  ahora en retirada, que atraviesan tímidamente las ramas de una de las encinas que tengo frente de mí.

Yazco tendida en el suelo enfrentando mi destino, intentando arañar vida a la vida en ineficaces simulacros de bocanadas de aire que se mezcla con mi sangre. Tras el sonido de la primera detonación comencé a correr como alma que lleva el diablo y que si Dios no lo remedia, llevará en breves instantes, a través de los surcos de aquel terreno arado recientemente.

Tras la segunda, un chasquido en lo que otrora fue una vértebra y luego dolor, mucho dolor. Mis extremidades inferiores no responden y comienzo a sentir frío. Inspirar ha pasado de ser un proceso involuntario a una dura lucha por permanecer en la parte terrena del mundo unos segundos más.

Mi madre nos lo dijo. Cada noche lo hizo. A mí y a mis cinco hermanos, reunidos en aquella lúgubre estancia que compartíamos y que hacía las veces de salón y dormitorio. Nos lo dijo sin palabras. Una mirada suya y la entendíamos perfectamente, por instinto.

«Fuera de estas paredes, todo es peligroso».

Puedo sentir como se acerca con pasos lentos, convencido de su triunfo. No iré a ningún lado.

Calza unas ajadas botas militares que ahora se sitúan a escasos centímetros de mis ojos. Debe tener unos cincuenta años, delgado y de piel curtida. Cuelga su escopeta a la espalda.

Acerca su mano y tomándome, me eleva bruscamente. Está contento y muestra una media sonrisa que deja entrever sus dientes torcidos. El día ha sido productivo. Una canana repleta de munición rodea su cintura de la que cuelgan dos perdices a las que en breve será unida esta liebre.

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