¿Te gusta mirar? – @alasenvuelo

Yamile Vaena @alasenvuelo, krakens y sirenas, Perspectivas

— ¿O la bebes o la derramas? — decía el hijín con la navaja desenvainada.  Le gustaba «picar» gente. Era bueno en ello. Los esperaba en los callejones oscuros. A veces eran una parejita, a veces algún borracho perdido. ¿Cuántos fueron? Perdió la cuenta. No lo hacía por dinero, aunque el premio no era despreciable. La adrenalina de la perdición. Verter su propia oscuridad en otros seres que parecían luminosos a su lado, por más porquería humana que fueran. Prostitutas, drogadictos, borrachines, o parejitas que buscaban «lo oscurito» para darle gusto a sus propias perversiones sin gastar en el motel. Él miraba la luz de esos seres como algo abominable. Y era hermoso penetrarlos con su  interminable»nada», el cuchillo afilado que cegaba vidas. A veces los violaba, dependía de sus apetitos, vivos o muertos, mujeres u hombres, no importaba. Él era un dios y usaba su luz y miedo para alimentar su esencia oscura. Era como una droga que empezó a pedirle más, cada vez más.

Aquella noche, la mujer lo miraba desafiante. Ella era distinta. Su piel era blanca, y sus rizos dorados, cadavérica, era tan flaca que parecía fantasma. Vestía de negro, con harapos pegados que hacían adivinar una figura escuálida que prometía más huesos que carne. No era fea, pero podía serlo. El hijín la vio como el ser más hermoso que había mirado. No tenia luz que arrebatarle. Ella le habló segura, sin temor, sin miedo, carente de emoción.

— ¿Te gusta mirar? ¡Tendrás lo que quieres!— Amenazó furioso.

Encontraron al hijín degollado con su propio cuchillo en ese mismo callejón.

A la mujer no volvieron a verla. Cuenta la leyenda que se desvaneció en el aire.

 

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