Tarde para arrepentirse – @kike_vasallo

Enrique Vasallo @kike_vasallo, krakens y sirenas, Perspectivas

Sonó un timbrazo. Desperté. Maldije mirando el reloj. Cerré los ojos.
Volvió a sonar. Me levanté. Me rasqué el culo y me froté la cara con la mano que me sobraba.
Fui hacia la puerta. Miré por la mirilla. Abrí. Me miró mi colega Sancho.

-Vístete y coge una pala. –me dijo, serio.
-¿Tú ya llevas el pico y quieres salir a pico y pala a cazar alguna mujer? –murmuré entre un bostezo.
-No, tenemos que ir a enterrar algo. Vístete que llamo a los otros.

No dije nada más. Era algo hablado ya. Si alguna vez nos encontrábamos en esta situación alguno de nosotros iríamos sin dudarlo con pico y pala, los cuatro, a ayudar, en silencio y sin preguntar jamás. Un pacto entre caballeros.
Me vestí de oscuro, cogí la pala que tenía en el garaje y una botella de JB que guardaba; hoy no era día de whisky elegante, hoy necesitábamos algo peleón para enardecer el alma y anestesiar sentimientos. Salí.
Me esperaba fuera, fumando. Me ofreció un pitillo. Lo encendí y metí la pala en los asientos de atrás.

-¿Vienen? –pregunté.
-Sí, hemos quedado allí ya.
-A ver si para esto son puntuales…
-Vamos.

Media hora después, un cuarto de cajetilla de Ducados más tarde, y tras un par de tragos de whisky, llegamos al sitio. Era un claro en medio de un pinar. Un sitio que ya todos conocíamos. Ya habíamos salido de la cama en otras ocasiones como esta. Yo los había sacado hacía pocos meses.

Ellos llegaron a los cinco minutos. Al apagar el motor del coche volvió el silencio a nuestros corazones. Al apagar los focos nos envolvió en la penumbra de nuevo.

Salieron. Cogieron del maletero dos palas y un pico. Se pusieron a nuestro lado y clavaron las herramientas en el suelo con golpes precisos.

Nos saludamos con abrazos silenciosos. La Luna alumbraba tenue entre los pinos, suficiente. Pasamos la botella y nos pusimos manos a la obra.
No tardamos mucho tiempo en hacer un agujero del tamaño de un hombre de largo y de un metro y medio de profundo; los cuatro habíamos pasado la vida haciendo judo y teníamos el cuerpo acostumbrado a trabajar duro.

-Ya es suficientemente grande, creo. –dijo Raymon.

Salimos del agujero Barrerus y yo.

Fuimos hasta el coche de Sancho y abrimos el maletero. Allí estaba. Un gran fardo con forma de hombre envuelto en sábanas y plástico atado con cuerdas fuertemente apretadas y anudadas.
Lo cogieron entre Raymon y Barrerus y lo dejaron caer al lado del hoyo.
La botella fue de mano en mano otra vez. Ya quedaba menos de la mitad.

-¿Haces los honores? –le pregunté a Sancho.

Con una sonrisa torcida y agria y un empujón contundente el fardo cayó con un golpe seco al interior del agujero.

Rodeamos la tumba. Uno a cada lado. Bebimos un último trago. Sólo quedaba un culo. Regué el fardo; al menos que remojara el gaznate por última vez.

Permanecimos en silencio con la cabeza gacha, mirando dentro del hoyo. Nos miramos y dijimos con voz potente, quebrando el silencio que nos envolvía, y al unísono:

YA ES TARDE PARA ARREPENTIRSE. OTRO PASADO QUE QUEDA ATRÁS. OTRO PASADO QUE SEPULTAMOS PERO QUE JAMÁS OLVIDAREMOS.

Llenamos el agujero enterrando el fardo, con forma de hombre, lleno de recuerdos pasados. Pusimos una piedra encima para marcar el lugar. Para no volver a cavar ahí y que el fétido olor del pasado podrido nos llegase otra vez.

Estaba amaneciendo. Con la luz vimos otras tumbas pretéritas que ya habíamos cavado. Demasiados recuerdos permanecían bajo tierra en ese lugar. Algunos aún seguían vivos, demasiado recientes, cuando los enterramos; aquellos estaban sepultados boca abajo para que no pudieran excavar y salir pero todavía se podían escuchar tenues chillidos sofocados por la tierra.

Nos quedamos unos momentos sentados en los capós de los coches viendo el amanecer entre los árboles.

-Se nos está acabando el sitio para enterrar cosas en este claro… -dijo Raymon.
-Tranquilo conozco miles de sitios más para enterrar pasados. -contestó Sancho con una sonrisa enigmática en la cara. Se le notaba más ligero después de haber desterrado su pasado.

Al fin nos levantamos. Recogimos las palas y el pico y los metimos en los coches.
Nos despedimos con unos abrazos.

Cuando Barrerus estaba entre mis brazos dijo entre susurros -creo que os voy a despertar en medio de la noche dentro de poco… No tardaremos en volver a vernos.

Asentí, cómplice, y en silencio.

Nos metimos en los coches y nos fuimos; dejando atrás los pasados, bajo metro y medio de tierra, pero aún sobrevolando nuestros pensamientos…

Visita el perfil de @kike_vasallo