Paz y gloria – @GraceKlimt

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Era tan encantadora que enseguida la odió. Bueno, tal vez odiar sea algo radical, desmesurado y exagerado incluso para ella, perdón. Quiero decir que no le gustó. Le olió a chamusquina. Se le puso el gesto ceñudo y apareció su característico mohín de “no sé yo”. Se llamaba amistad, le dijeron, y nadie avisó que venía en minúsculas, esquiva, con disfraz. No se la creyó. Pero se calló. Porque no sé si sabéis ya, aunque seguro que sí, que ella …