Maldita querencia – @LaBernhardt

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Mi abuela era devota del Santo Prepucio y tenía una razón de peso infinito para serlo, verán. Se casó con mi abuelo, que era boticario, pintor en sus ratos libres e impotente. Lucía en la puerta de la botica un cartel, pintado por él mismo, que rezaba “Ungüentos y aceites sanadores” y parte de los pocos beneficios que le podía dar el negocio a un republicano en un pueblo nacional hasta la médula, provenía de ellos. Además de todo lo …