Superhéroe – @AllOfMe39

dkys colaboraciones Improvisando letras, Retos

– ¡Mamá, mamá! Yo de mayor quiero ser superhéroe.

– Jajajaja, muy bien, hijo. Pero debes ser fuerte y hay mucho contra lo que luchar, ¿sabes?

– No importa, mamá. Seré superhéroe. Te lo prometo.

Y tan feliz salía de la conversación con su madre, con sus 8 años. Aún no sabía nada de la vida, no comprendía la dureza de muchas cosas ni era consciente de tantas otras que no tienen solución. Creía que los superhéroes eran hombres y mujeres que vestían trajes especiales y tenían superpoderes que utilizaban para enfrentarse a gente mala que tenía el poder.

Cuando pasaron los años comprendió lo desencaminado y acertado que estaba, a la vez. A los 12 fue consciente de que no se podía vencer a un cáncer con ningún superpoder. Y así perdió a su madre. A los 15, descubrió que no existen superpoderes que mantengan una vivienda. Que el único asqueroso poder se llamaba dinero. Y ahí fue cuando se convirtió, junto con su padre y su hermana pequeña, en un desahuciado. A los 18 se interesó por la política, atraído por su relación con la palabra poder. Y descubrió que ese poder no era más que otro engaño. Un grupo de gente olvidándose de un montón de personas. A los 20 estaba asqueado del mundo y de todo lo que conllevaba. Atrás quedaba su sueño de ser superhéroe. No sabía hacia dónde mirar sin ver arrogancia, tristeza, hambre, guerra, penurias, maltratos, racismo, acoso, violencia, robos, mentiras y un interminable etcétera.

Estaba acertado. Gente mala con poder. Gente que se olvidaba de las personas. Gente rica con la solución a miles de problemas en sus manos, pero que no ven más allá de sus propios bolsillos. Y que no soportan que estos no estén llenos, aun a costa de los que los llevan vacíos.

Estaba desencaminado. No existían superpoderes. No existía contrapunto a esa maldad, a toda esa injusticia. Había perdido toda esperanza.

Y, sin embargo, tras años de abatimiento, sucedió algo. Conoció a una persona que le cambió la vida. Conoció el dolor de otra piel, y lo sintió como propio. Abrazó todos y cada uno de sus monstruos y, de su mano, los enfrentó junto a sus demonios. Ella acarició sus tristezas. Él abrazó sus miedos. Se enamoraron.

Esa persona empezó a contarle sus historias, sus vivencias, su modo de vida y su manera de resistir, o de sobrevivir. Le contó cómo daba de comer a un hambriento cuando podía. Le mostró cómo se puede minorar una tristeza con un poco de amabilidad sincera. Le demostró que, siendo uno mismo, se pueden conseguir muchas cosas. Le hizo ver que la alegría está en la sinceridad de una carcajada, en la fuerza de un abrazo improvisado o en los acordes de cualquier canción.

Estaba fascinado. Ella le enseñó que había gente con poder, pero que se podía luchar contra ellos. Que la fuerza estaba en la unidad de las mayorías y que, a menudo, se nos olvidaba. Que a ella no le gustaba regirse por mandatos de unas minorías que solo se apoyaban a sí mismas. Y yo estaba de acuerdo.

Gritábamos en las calles, alzábamos la voz dondequiera que fuéramos, dábamos de comer a los hambrientos y procurábamos que muchos tuvieran un techo bajo el que evitar el frío. Recorrimos miles de kilómetros de la mano, con lo puesto y con la única fuerza de nuestra voz, pero recogiendo adeptos. Cada vez éramos más fuertes y nuestro único latido se transmitía como grito de multitudes.

Cambiaban los gobiernos, cambiaba el poder, cambiaban las mayorías, cambiaba la riqueza, perdía fuerza el dinero, se ganaba en transparencia, se educaba y mejoraba, constantemente, la sociedad.

Quizá no conseguíamos nada. Quizá todo volviera algún día a ser como antes y todo estaría en desequilibrio nuevamente. Quizá todo esto no es más que el delirio de una noche de hogar en soledad.

Acudió a la tumba de su madre, como cada 13 de marzo:

Mamá, no sé dónde estás. Sabes que no creo en estas cosas, pero, aun así, quiero que me escuches.

Te prometí que sería un superhéroe. Y lo siento, no lo he conseguido.

Pero no estés triste, mamá, porque los superhéroes sí que existen. Yo he conocido a una. Y me cuida, como Superman cuidaba de Lois. Como tú cuidabas de mí. Y gracias a ella he descubierto que tú también lo eras.

Gracias por ser mis superheroínas.

Os quiero.