Sonreír después de la tormenta – @stay_unbroken20

Vicky Grande @stay_unbroken20, krakens y sirenas, Perspectivas

Sonreír después de la tormenta no es nada fácil, más bien parece un imposible en el momento en el que te encuentras dentro de ella.
Sonreír, ya de por sí, es algo jodido aunque te metan en la cabeza que es algo que debes hacer todo el rato. Sonríe ahora que te van a hacer una foto, sonríe después que estás mejor así, sonríe otra vez que la vida son dos días, sonríe de nuevo que no merece la pena estar triste.
Sonríe por favor, hazlo por mí, yo te invito si hace falta, pero por favor sonríe. Y así día tras día hasta que tu sonrisa termina gastada. Has sonreído tanto sin tener nada de ganas que te has terminado cansando de mostrar lo que solo ellos quieren ver, una puta sonrisa que tú no quieres llevar puesta.
Cuando estás jodido por dentro y te duele tanto la vida te da igual lo que piensen o dejen de pensar los demás, si te caes, si te abres en canal, si tus heridas sangran o esta vez deciden dejar de llorar.
Te da igual, porque has llegado a un punto en que todo te ha superado y te es indiferente lo que pase a tu alrededor o te llegue a pasar a ti.
Te da igual, porque has perdido las ganas de todo, y sonreír es lo último que te apetece hacer. Y es normal, cómo vas a hacerlo si todo ha dejado de tener sentido, si nada te motiva, si nada te llena, si sientes que no encajas ni en tu propia vida.
Y ellos mientras por lo único por lo que se preocupan es por verte sonreír, como si una simple sonrisa fuese sinónimo de felicidad, como si sonriendo todos tus problemas se vayan a ir sin más.
Que te da igual salir mal en una foto, estar peor con la mirada apagada, o parecer una persona fría solo por no dejar que nadie descubra tus sentimientos.
Que te has cansado de tener que fingir delante de todos solo porque a ellos les guste más verte de una forma y no de otra sin llegar a entender que tú no estás mal por decisión propia, simplemente lo único que te ocurre es que estás pasando una mala etapa y lo último que necesitas es que te digan que sonrías.
Mejor que no digan nada, que te abracen, te cojan la mano o simplemente se tumben a tu lado demostrándote que van a estar ahí ahora, después y siempre. No pides más.
Y ya, cuando todo cese, habrá tiempo suficiente para comerse el mundo con la mejor de las sonrisas, porque después de la tormenta, siempre viene la calma.

A veces
tenemos que apagarnos
para seguir brillando
con más fuerza.

 

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