Sólo una condición – @GraceKlimt

GraceKlimt @GraceKlimt, krakens y sirenas, Perspectivas

No tiene ni idea que me desperté con su olor.

Me gustaría que alguna vez la vieseis con vuestros ojos, porque describirla se quedaría tan vulgar como decir que es muy poquita cosa, ni poniéndose muy tiesa roza el 1.60 en las revisiones médicas, de pelo largo y oscuro como tantas, y piel tan blanca que asusta al invierno.
Llega cada mañana con su voz cantarina, su sonrisa en la boca y sus miles de mundos en la mirada, pasa saludando como una exhalación, besa a sus pequeños antes de dejarlos en brazos de confianza, y desaparece escuchando música.

No tiene ni idea de que música es ella.

Un día me contó que ha vuelto a usar la colonia que siempre le gustó a su abuela, porque así la tiene cerca. Me dijo que no se lo había dicho a nadie, que era un secreto entre ellas. Que cuando el mundo pesa mucho cierra los ojos y la huele y por un instante todo es belleza.
Es un bote gigante, con el tapón naranja, una tarde de domingo que la vida amenazaba lluvia dentro del alma, roció la cama desde los pies al cabecero, y así durmió como cuando niña, arropada en su abrazo intangible.

No tiene ni idea de como tiemblo si huye.

Me he escondido donde menos imaginaba y la he espiado cuando pensaba que nadie miraba. La he visto haciendo equilibrios en la cuerda floja, forzando los nunca hasta convertirlos en siempre, creando magia sin usar ni chistera ni cartas marcadas ni varita, borrando las nubes de un soplido al apartarse el flequillo.
He rebuscado por todos lados, y os juro que no he sido capaz de descubrir sus trucos y trampas. Me ha dado por pensar que igual es que ni siquiera hacen falta, cuando se va por la vida a pecho descubierto.

No tiene ni idea de que la quiero sin tregua.

La otra noche se dejó floja la coraza que lleva tan pegada a la piel que ya casi ni se distingue, y pude asomarme dentro. Tiene un escuadrón entero de monstruos y fantasmas mordisqueando en sus entrañas, y un ejército de mariposas protegiendo el corazón.
No se me había ocurrido nunca pensar que detrás de una voz alegre y una risa despreocupada pudiesen esconderse los miedos de todo un infinito. Y desde entonces aún me asombro más cuando la veo, y no se rompe.

No tiene ni idea de cuanto me hace falta.

La he mirado en el espejo, le he prometido ser fuerte, y le he puesto sólo una condición.
Que siga siendo la niña que habita en mí.
Que yo voy a seguir volando, aún con las alas destrozadas.
Pero que ella no me abandone en pleno vuelo.
Que nunca se vaya.

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