Sobre los sueños – @virutl38

dkys colaboraciones De principio a fin

Dio el último sorbo al vaso de whisky y pensó que esa noche no terminaría como solía ser habitual. Sentado en el borde de la cama, con la cabeza entre las manos, pensando si su cadáver quedaría más bonito con un disparo o con dos.

Cerró el libro. El tren surcaba la oscuridad. Miró hacia el hombre trajeado, dormitando sobre el cristal. El desesperado protagonista de su libro podía ser él. Un protagonista anónimo de una vida anónima. Rostro cansado y fruncido. Una vida sin esencia de vida. Rutinaria y asfixiante.

El hombre trajeado se desperezaba. Vagones vacíos. Sin vida. Traqueteando. Notó un vaivén extraño. Temblaba. No él. El vagón. O era impresión suya. El hombre trajeado pegó un salto y se incorporó. Tarde. El tren se elevó por los aires, a una velocidad inusitada. Cayó hacia delante y hacia arriba como en una montaña rusa. El libro salió volando y se estrelló contra el techo. Una luz cegadora.

Soltó un grito. Y sintió que se incorporaba. Una voz suave. Tranquilizadora. Abrió los ojos. Apenas podía ver. Reconoció su habitación. Su cuerpo sobre la cama. La penumbra. La ventana. Ella susurraba que había sido otra pesadilla. Le acariciaba la nuca. Suave. Cálida. Fue entonces consciente del mal sueño. Otro. Como aquella mañana. Aquella del descalabro emocional. Y de la locura. Aquella que venía a veces. A despertarlo.

Aquella mañana decidió volver a escribir. Volver a sentir el teclado bajo los dedos. Escribiría sobre las vidas comunes. Sobre la esperanza. Sobre los sueños. Y las pesadillas. Decidió hacer el desayuno. Levantar a los niños y compartir café y tostadas. Como antes. Ella lo miraba asombrada. Y solo acertaba a sonreír. Tímida y fascinante. Como no recordaba.

Dejó a los niños en el colegio después de dar un beso a cada uno y asegurarles que a la salida estaría esperándoles y no dejó de mirarlos, orgulloso, hasta que traspasaron la puerta y le saludaron con la mano.