Sin tregua – @Mous_Tache

Mous_Tache @Mous_Tache, krakens y sirenas, Perspectivas

– Tengo sobre la mesa el currículum de otros dos candidatos que, al igual que usted, son aptos para el puesto que ofertamos y a los que les haré la misma pregunta: ¿Porqué tengo que contratarle?

No me impresionan tus caros zapatos de piel, tu traje a medida y tu corbata, que aún siendo de seda, tiene un estampado horroroso que no combina con la camisa que llevas. «¿Que porqué tienes que contratarme, cabrón? Porque soy el mejor. Tú lo sabes y yo lo sé. Voy a decirte exactamente lo que quieres oír», pienso, mientras afloran a mi mente recuerdos de mi hijo ofreciéndome la mitad de su comida porque sabía que no había comido en todo el día.

– Porque te voy a hacer ganar dinero – te digo mientras te sostengo la mirada impertérrito.

Sonríes y veo cómo relajas el gesto. ¡Touché! He superado las anteriores tres entrevistas de tus subordinados ofreciéndoles a cada uno de ellos lo que querían oír, hablándoles de mi dedicación, dotes de organización y gestión de equipos, conocimientos técnicos,… Pero tú eres el máximo responsable de la empresa y de lo que quieres oír hablar es de dinero.

Te has levantado de la mesa, y me has dado la mano mientras me rodeas con el brazo por los hombros en un gesto de complicidad.

– Me gusta tu actitud.

El puesto es mío desde que pasaste de tratarme de usted a tratarme de tú.

Salgo del despacho y me acompañas a la puerta. La guapa recepcionista se tensa ante tu presencia al igual que todo aquel con quien nos hemos cruzado en el camino. Lo he vivido con anterioridad, también desde un cargo análogo al que ocupas.

Me despides en el ascensor con otro apretón de manos.

Salgo a la calle y respiro profundamente. No te has dado cuenta de mi cinturón roto o el remiendo que al traje le realicé la noche anterior. Con suerte, serán sesenta días los que tendré que aguantar más. Treinta para que me llamen y treinta más para cobrar el primer sueldo. Lo primero que pienso es en mis hijos. Se acabaron las calamidades para ellos que he disfrazado de la mejor forma que he podido durante los últimos años.

Todo se torció en un segundo, en un abrir y cerrar de ojos. Pasar de negociar contratos de decenas de miles de euros a suplicar realizar cualquier tipo de trabajo y a cualquier precio. Los coches de lujo por el autobús. Las cenas en los mejores restaurantes por las pizzas congeladas,…

Me habéis proporcionado exactamente lo que necesito para coger aire y perspectiva y volver a poder pensar con claridad, sin el peso sobre mí de la espada de Damocles de los acreedores a los que ahora ya podré empezar a pagar.

No nací para ser un engranaje de la maquinaría, nací para crear las máquinas. No es una rendición, tan sólo una tregua.

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