Sin red – @sor_furcia

Sor Furcia @Sor_furcia, krakens y sirenas, Perspectivas

No sirves para nada. Retumba en tu cabeza. Te lo has dicho muchas veces. Me decepcionas. Duele. Son palabras duras. No eres suficiente. Te lo repites constantemente. Tanto que te lo acabas creyendo. Te sientes insegura. Te sientes inferior. Cambias. Quieres gustar. Cambias más. Cambias tanto que ya no sabes ni quién eres. Pero sigues sin ser ella. Esa ella que es perfecta. Esa ella que no decepciona. Y al final te decepcionas a ti misma. Vives. O sobrevives. Ya no lo sabes. O mueres un poco. Mueres cada vez que te haces daño intentando agradar. Y te vas haciendo pequeña. Insignificante. Caes. Te precipitas al vacío. Al vacío de tu vida. Al vacío de tu interior. Todo gira. Deprisa. Se tambalea. Y de repente tocas fondo. Te quedas un rato tendida en el suelo. En la profundidad. Sola. Agotada. Tocada. Sí. Pero no hundida. Descansas. Aceptas que las cosas no fueron como quisiste. Ni parecidas. Y entonces abres los ojos. ¿Qué son todos estos pedazos? Eres tú. Estás destrozada. Lloras. Te das lástima. No. No te la das. Eres fuerte. Todo final puede ser un comienzo. Te secas las lágrimas. Coges un cachito. Lo miras. Ese te gusta. Coges otro cachito de tu agrado. Los juntas. Sólo cuando estás destrozada te puedes reconstruir a tu antojo. Cuando has tocado fondo ya sólo queda subir. Y cada vez que juntas un cachito aparece un escalón. Escalones que te sacan de ese pozo. Escalones que subes paso a paso. Pasos que te enseñan. Aprendizajes que guardas en tu mochila. Porque no puedes elegir lo que te pasa. Pero puedes elegir lo que aprendes de ello. Guardas un aprendizaje. Sacas una piedra. Es verdad. No puedes con todo. Y quizá llevas demasiado peso. Liberas equipaje. Te sientes más ligera. Subes un escalón. Aprendes. Tiras otra piedra. Coges impulso. Esbozas una sonrisa. Secas una lágrima. No puedes planear la vida. Te toca improvisar. Sigues juntando cachitos. Tomas las riendas. Cierras etapas en las que te sentías cómoda. O no. Pero las cierras. Sales de tu zona de confort. Te enfrentas al mundo. Sin manual de instrucciones. Sin un mapa. Nadie puede caminar por ti. Te pueden acompañar. Pero tus zapatos son tuyos. No puedes parar de caminar. Cada paso te cambia un poco. No volverás a ser la misma. Te hubiese gustado que la vida no pusiese esas piedras en tu camino. Pero las puso. Y las tuviste que sortear. Lo hiciste. No ibas a quedarte parada para siempre. Tarde o temprano te tienes que enfrentar a ellas. Y ves que no era para tanto. Tú puedes. Andando al final llegas a los sitios. La vida no tiene atajos. Caminas. Te alejas de lo que no quieres. Te acercas a tus metas. Vives situaciones que no quieres repetir. Y otras que te encantaría. Pero sabes que ya no puedes. Lo aceptas. Viene gente nueva. Otros se van. A otros les echas. Duele echar. Pero hay gente que duele más si se queda. Así que dices adiós. Pero tú siempre estás. Recuerda eso. Tú siempre estás. Y sigues trabajando para mejorar. Trabajando en ti. Invirtiendo en tu felicidad. Porque te lo mereces. Adiós tristeza. Hasta la próxima. Porque habrá una próxima. Pero ahora ya nos conocemos. Ay, tristeza. Qué hijadeputa. Y qué necesaria. Dicen que no hay nada más triste que sentirte sola. O sí. Estar sola y que no te guste con quien estás. Y tú te gustas. Y te quieres gustar más. A ti. Por ti. Para ti. Sigues caminando. Reconstruyendo. Cachito a cachito. Sin descanso. Porque la vida no se va a parar por ti. Y tú debes hacer lo mismo. No parar nunca. Luchar. Sentirte orgullosa de ser quien eres. De todo lo que has aprendido. Tú sola. Miras atrás. Es mucho. De tus errores. De tus aciertos. De tus “yo puedo”. De tus miedos. De superarlos. De ser valiente. De caer. De levantarte. De gente que te ayuda. Te tiende la mano. Te quiere. Te dice “no te rindas”. Y no te rindes. Te levantas. A veces incluso saltas. Aun teniendo vértigo. Y vives. Sin red. Así. A lo loco.

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