Sin pedir nada a cambio – @soy_tumusa

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Se fue, una mañana de octubre, la cama lisa, blanca y pulcra, como si no hubiera yacido nadie, adornaba la habitación. Las ventanas abiertas aireaban aquel ambiente que durante meses había estado intoxicado por aquella enfermedad. Sé que refrescaba aquel día porque, parada en medio de tanto sigilo, la brisa que entraba por la ventana movía mi cabello y erizaba mi piel no por frío, sino por la sensación de soledad y desconsuelo al observar la habitación tan vacía y apenas unas horas había estado tan llena. Esa brisa entró por mis poros, heló mis órganos y me atravesó el corazón como un punzón.

Helada permanecí durante unos minutos, que me parecieron horas, mientras intentaba recordar los momentos más felices que habíamos pasado juntas, pero no podía. Apretaba los puños con fuerza y rabia al ver que mi memoria solo recordaba su cara en esa cama, los duros meses de hospital y su forzada sonrisa de “Tranquila, todo saldrá bien”. Nuestra infancia juntas se había esfumado como el humo de mil cigarros. Ahora solo quedaban cables, goteros y medicinas que poco a poco se fueron sustituyendo por vomiteras, quimioterapia y ganas de morir.

La más fuerte de las dos, así la veía yo, aunque yo era la mayor, S. siempre me sacaba dos cabezas, no en altura, en todo; la admiraba por encima de todas las cosas, su fuerza arrastraba a todo el que la conocía. Ella era una bocanada de aire fresco en medio de un desierto, era coraje, fuerza y decisión embutidos en un cuerpo de apenas 1,60. Ese carácter que ella tenía, supongo que fue decisivo a la hora de afrontar tan maldita enfermedad. S. era de aquellas personas que podían con todo, se levantaba temprano y se comía el día no a mordiscos pequeños, sino con garbo y rabia. Aprovechaba cada uno de los instantes, los saboreaba intensamente; ella vivía, sabía hacerlo, comulgaba con sus hijas, adoraba a su familia, era, como decía mi madre, una mujer de bandera.

Aquella mala noticia de aquel fatídico sábado en la noche nos fulminó. Fue la bala más grande y más dañina del mundo y me atravesó el corazón de lleno; lo hizo jirones en mil pedazos y créeme si te digo que no hay parche, costura ni medicina que lo una. Jamás me recompuse de ese terrible mensaje de texto que aún conservo para volver a leerlo cuando todo pasara y decir, “ja, que te lo has creído”… y  poder respirar aliviada al ver que sólo fue un mal sueño…

                “Creo que debo contarte lo que está pasando, antes que te enteres por fuera…

Sé que te he dicho que me estaban haciendo pruebas y no saben qué ocurre, que no es nada y sé también que estás muy preocupada y pendiente de mí, como siempre, pero yo necesitaba y necesito un tiempo de asimilación…

Tras las pruebas de ayer, me diagnosticaron un linfoma, vamos, cáncer… esa palabra tan fea y tan odiosa enfermedad. Falta una prueba para confirmar, una punción, para detectar el grado de infección que tienen mis células. Este mensaje va a ser en una sola dirección, de momento, tengo las fuerzas justas para concentrarme en ponerme bien, sea lo que tenga…

Querida hermana, no te enfades conmigo si no contesto a tus llamadas ni a tus mensajes; si decides venir a verme, por favor, que sea con un buen chute de energía positiva, la necesito. Sé que me quieres y yo a ti y por eso no tienes que llorar y, si lo haces, intenta que no sea delante de mí ni de mis hijas. No puedo permitirme caer y ellas no tienen que sufrir más de lo necesario.

He sido fuerte toda mi vida, y esto no va a poder conmigo, pero necesito tu ayuda. Yo sola no puedo. Si se confirma lo que parece evidente, necesito que me hagas sólo un favor. Cuida de mis hijas mientras yo no pueda, no las separes, tienen que estar juntas, fuertes y felices.

 Te agradeceré eternamente cada sonrisa que consigas sacarles. TQ.”.

 

……

 

Se fue, sin pedir nada a cambio, dándolo todo y llena de paz, acompañada de los suyos, así nos llamaba, preocupada por sus hijas y confiando plenamente en que cuidaríamos de ellas. Me abandonó mi mitad, mi media naranja, mi hermana del alma. La fuerza de mil caballos no logró superar la devastadora guerra contra el cáncer que arrasa todo a su paso, dejando familias destruidas, hijas abandonas y almas heladas.

 Se fue sin pedir nada a cambio y dándolo todo.

 

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