Sin maquillaje – @GraceKlimt

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“Molaría meterse dentro de la gente. De un modo masivo y global. Y que los demás también pudieran entrar dentro de ti. Y entender de una vez de qué va toda esta mierda.
Porque es que las palabras no sirven.
Las palabras son tan solo una forma preciosa de llegar a ninguna parte.”

Ana abre un ojo, y los números verdes fosforitos del reloj digital de su mesilla de noche le escupen un 03:27h parpadeante. Sigo viva, piensa, al menos, viva del modo en que los mortales conocemos la vida. La habitación comienza a moverse enloquecida, así que, en la misma posición que está, boca abajo, saca un pie fuera de la cama, hasta tocar con el dedo gordo el suelo. Bien, ya tengo un eje, ahora ya no giro sin sentido, se dice a sí misma. Fija la mirada en los números que siguen gritándola que no ha muerto, se agarra con fuerza a la almohada, y deja correr las horas.

“¿Sabéis como suena una persona al romperse?”

Todo ha ocurrido tan rápido que Ana aún no sabe a qué agarrarse para no salir disparada del planeta. Tiene la sensación de que, si no encuentra rápido un punto de equilibrio, la fuerza enloquecida con la que gira el mundo la lanzará a miles de años luz. Y tampoco la importa, qué más da, si nada tiene sentido ya. Ojalá alguien le explicase las cosas, como cuando era pequeña y su padre la sentaba en su regazo, y le contaba aquello de que no se puede gritar mucho, porque si no las cuerdas vocales se ponen tristes, y nadie quiere que unas cuerdas vocales estén tristes, ¿verdad, Ana? Pero papá no está ya aquí para arreglar el mundo cuando a ella no le gusta. Y a Ana, no le gusta el mundo.

“Los niños, cuando son vencidos por el terror, duermen. Tal vez los adultos, al final, seguimos siendo unos niños asustados.”

Así que Ana llora, y duerme. Se despierta, y vuelve a llorar. Y vuelve a dormir. Y ruega seguir durmiendo otra hora más, otra noche más, otro día más. Otra eternidad más. Pero aunque ella lo pide con todas sus fuerzas, la vida no la deja escapar. Y todo vuelve a su cabeza, y nada encaja, y ella quiere morirse por fuera para dejar de estar muerta solo por dentro. Otra caja de somníferos. Otra botella de ron. Tal vez con esto, ya no vuelva a despertar. Por favor, queridas estrellas fugaces, por favor.

“No vayáis por el mundo sin coraza.”

Protégete Ana, usa tacones, una bonita falda, un escote sexy, peinate el pelo, maquilla tus ojos, pinta tus uñas, usa carmín rojo.
Sonríe, Ana, siempre sonríe, aunque todo duela, aunque la angustia ahogue, no dejes de sonreír.
Ponte la armadura bien sujeta antes de salir a la calle, ata con un nudo doble el corazón, y cierra con ocho candados las puertas del alma, que nadie pueda entrar.

Pero Ana, prefirió salir sin maquillaje.
Y ahora, paga con lágrimas como puñales su osadía.
Ahora, vive una decepción.

“Tranquila Ana, sigue así. La vida va de vivir. No dejes que se te endurezca el corazón.”

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