SIn llamar – @Netbookk

Ricardo García @Netbookk, krakens y sirenas, Perspectivas

Hay veces, que mostramos nuestras debilidades en una suerte de pornografía emocional recordando que somos humanos, y dejamos que determinadas sensaciones oscuras se instalen dentro de nuestra coraza sin llamar y sin pedir permiso.

Un día cualquiera, sin saber muy bien la causa, nos encontramos mirando a los demás desde abajo y aunque Kafka no tiene nada que ver en esto (Ref. La metamorfosis) nos sentimos tan profundos como un charco y podemos  notar como nos hemos hecho pequeños e insignificantes sin darnos cuenta…

Entonces, saltan las alarmas y miramos para todos los lados, intentando averiguar qué o quién nos está estrujando el corazón y está saltando sobre nuestras tripas, buscando inútilmente un culpable, ya que, nos solemos olvidar de mirar dentro. Ese suele ser “el error”.

Para cuando nos queremos dar cuenta repasando todos los factores exteriores que nos afectan, ya es tarde y de repente, escuchamos esa risita de hiena que nos hace frenar en seco, abrirnos el pecho para volver la mirada hacia nuestro interior y comprobar que nuestros monstruos se lo están pasando pipa, bailando con nuestros miedos. Todos ellos han vuelto a ganar la partida y nos tienen acorralado el corazón, y atrapada nuestra alma en una espiral de temor, preocupación y desgana que se retroalimenta con cada uno de nuestros propios pensamientos negativos , haciéndonos a nosotros cada vez más pequeños y a ellos, cada vez más aterradores y poderosos…

Entonces es cuando podemos saber que estamos pillados, porque ellos nos conocen muy bien y saben escoger la llaga donde poner su dedazo y apretar con saña para jodernos de verdad.

Y esa sensación de vacío, de frío polar en el hueco que antes ocupaba nuestro valeroso corazón, ahora encogido; de desierto donde ruedan los arbustos empujados por el  viento aullante de la desolación, mezclado con el mareo y el vértigo al estar rodeado de un montón de gente inasequible al desaliento que no paran de darte bienintencionados, pero manidos consejos, te acrecienta las ganas de hacerte pequeño, de desaparecer en una pequeña explosión sin ruido. Huir de todo lo que te rodea hacia, por ejemplo, el refugio seguro de tu cama. Meterte entre las sábanas o debajo de cien edredones, para que los monstruos no te pillen más, fundirte en negro y que se acabe la película de terror… Disolverte en la apacible nada del sueño…

Pero, de repente, notas una leve vibración en tu micro bolsillo y sacas con tu minúscula mano un pequeño teléfono en cuya diminuta pantalla puedes leer un mensaje de alguien conocido:
– Llevas sin llamar una semana tía… ¿Donde te metes? Sea lo que sea, paso a recogerte en media hora.
Y puede que estés equivocada pero, ¿no ha sido un crujido lo que has escuchado?

Uno pequeño, sí. Y quizá, ahora, haga un poco menos de frío. Parece que el sol alumbra un poco más y puede, sólo puede, que esa mueca que asoma en tu cara,  alguien le parezca una sonrisa…
Y piensas que una semana es mucho tiempo para pasarla sin llamar a esa persona que, con nada, ha conseguido volver a pintar la sonrisa en tu cara y hacer brillar esa mirada, de nuevo, en tus ojos.

Y escribes el conjuro que acaba por romper el cable de miedo que atrapaba tu corazón, el que para el tiempo del miedo:
-La primera ronda la pago yo.
Y la respuesta es inmediata:
-Ya tardas. Te estamos esperando donde siempre.
Guardas el móvil y, casi sin darte cuenta empiezas a caminar más ligera, escuchándolos huir como ratas cobardes del arma que más temen esos fantasmas cobardes: la mueva sonrisa que algunas personas consiguen pintar en tu cara sin llamar siquiera y el abrazo que te espera al entrar. De esos que recoloca todos los temores bien al fondo, que es donde deben estar…
******
Escrito del tirón, sin pensar. Para S.

 

Visita el perfil de @Netbookk