Siga la flecha – @distoppia

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Será que no se trata de seguir una flecha, sino de seguir la mía propia. Con los años, que no son tantos, pero son intensos, he seguido los caminos que me imponían las personas alrededor. He fallado todas las veces que intenté acertar para otros y canté con orgullo las victorias de los demás. De pronto, confusa, qué tonta, salgo al balcón y me da por mirar. Al pasado, al futuro, a otra realidad. No sé si estoy donde quiero estar, pero sí sé que no soy quien quiero ser. Yo lo que quiero es ser otra. Y cuanto antes mejor. Ojalá un conejo blanco viniera a decirme que es tarde, es tarde, es tarde, que yo misma me estoy esperando y que la fiesta de corazones es, en realidad, en el propio corazón. Busco en la avenida alguna señal, alguna flecha que me diga el camino, pero sólo veo personas de todos los colores y formas que hacen sus vidas. Una detrás de otra. Y yo me pregunto, de todas ésas, ¿cuál querría ser? Me descubre a lo lejos una señora en su terraza. Toma café y enciende un cigarro. Yo, de vuelta, le pregunto con la mirada, «dígame, señora, ¿qué flechas sigue usted?».

Porque todo es confuso y muy curioso. Porque si no pierdo peso, estoy gorda, pero si lo pierdo rápido, estoy enferma. Si no intento gustar a los chicos, soy una estrecha. Y si lo hago, soy una golfa. Si no bebo, no sé disfrutar de la vida, pero si me emborracho, doy lástima. Y pena y asco. Si voy misa, soy idiota, pero si digo que soy atea, me mandan derechita al infierno. Si digo lo que sé, soy prepotente y, si no lo digo, soy boba. Si me atrevo, soy una inconsciente (jamás dirán valiente), pero si no lo hago, seré cobarde. Cuando consigo algo es todo porque tengo suerte, pero, cuando lo pierdo, es culpa mía. Duermo demasiado y que me llamen vaga o me levanto pronto y que me llamen desequilibrada. Si no beso a nadie, tengo un problema y, si beso a una chica, me dan el carnet de lesbiana.  Si no me lanzo, me lo cuentan como fracaso y, cuando pierdo, nadie se queda a recoger las piezas rotas. Si escribo, nadie lee, pero si no escribo, me cuenta como derrota. Si le pongo ganas, soy una ilusa, pero si no me implico, lo llaman egoísmo. Si asiento, soy débil, pero si no estoy de acuerdo, entonces es sólo mi opinión.

Y después la incoherente soy yo. Por querer vivir y leer y bailar un rato más. Total, a estas alturas ya he tomado todas las decisiones equivocadas, así que decidle a la sociedad que la única flecha que cuenta es la flecha hacia el interior.

 

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