Siempre serás mi mejor error – @alosqueladran

Javier Esteban @alosqueladran, krakens y sirenas, Perspectivas

El futuro está bien. El futuro es progreso. El futuro le gusta a todo el mundo.

Todo el mundo espera al futuro. Hasta que el futuro empieza a adelantarte.

Por eso los poetas se declararon en huelga. Así ocurrió.

No se enteró ni Dios.

Las redes sociales, decían, confunden la Belleza con lo obvio. Con lo bonito. A veces lo hablábamos, tú me reprochabas que yo era demasiado negativo. No se qué del resentimiento. No te lo discuto. A mí me aburría no tanto la bondad como la necesidad de mostrarme bueno.

Hay un chiste, un chiste muy negro pero dolorosamente claro que me contó una profesora de Historia hará la tira de años, ¿te lo han contado alguna vez?

Si todos los alemanes que tras el fin de la Segunda Guerra Mundial dijeron que habían salvado a una familia judía de los nazis no mentían, el Estado de Israel tendría hoy la misma población que la República Popular China.

¿No tiene gracia hablar de estas cosas? De acuerdo. Pero la gente que se muestra buena gente, miente. En Twitter y en verso.

Adorno preguntó «¿cómo escribir poesía después de Auschwitz?», pero la gente siguió escribiendo poesía y sólo lo dejó cuando los aplausos se fueron a los cantautores y los tuiteros más que a sus egos.

Le dieron el Nobel a Dylan y se montó una buena. Resultó que citaban a Dylan en sus textos y sus batallitas de educación sentimental, de Bildüngsroman, pero no le querían en la misma estantería que a sus libros. Los «cantautores» no tenían que meterse en la poesía. No era justo.

Ellos ya tenían música, y la poesía, como todo el mundo sabe, no puede cantarse…

El mismo año se preparó el centenario de Gloria Fuertes. A mí nunca me gustaron sus poemas infantiles, nunca me interesó en general la poesía hasta la adolescencia, y a esa edad entra todo como la excavadora en un incendio forestal o una raya de sal en un aquelarre. Todo es frontera, entre tú y el mundo anterior a tu despertar…

Pero los poemas adultos, esos sí podían conectar y tenían la ventaja de haber sido olvidados. No sólo los leías, te daban la sensación de que los rescatabas. Y por eso pegó.

Hubo algunos que recordaban su pasado escribiendo en revistas infantiles del franquismo más crudo, pero no lo tuvieron en cuenta, era difícil ganarse la vida escribiendo entonces. Ganársela de verdad. Quiero decir que Gloria Fuertes pudo ser el único poeta de España en la segunda mitad del siglo XX, da igual el género, de todos los que he leído que se ganara la vida sólo escribiendo…

O no, pero es la única que recuerdo. ¿Y tú?

Para entonces, los escritores propensos a la fosilización escribían columnas atacando esta suerte de ataques. Al principio les daban duro en redes sociales, pero ya sabes cómo funcionan estas cosas. Los humanos no somos tan gregarios: cuando mucha gente dice una cosa, alguien acaba diciendo lo contrario para autoafirmarse.

Los llamábamos cuñados, ¿recuerdas? Luego a decir que parte de razón tenían. Que ya estaba bien. Los empezamos a llamar poetas.

Y a estas alturas ya no sé si fue consecuencia o causa de esto, pero las listas de más vendidos de poesía se llenaban de gente que decía que no eran poetas. Era un titular recurrente: los jóvenes leen poesía que no es poesía. Luego: la gente lee poesía que no ha sido escrita por poetas.

Mientras los poetas autodeclarados así recogieron el guante. Se lanzaron propuestas serias de instaurar algún tipo de filtro, de carné, para evitar el intrusismo. Les salió el tiro por la culata:

Creo que fue la gota que colmó el vaso, porque puso en evidencia cómo te había secuestrado el ámbito de gente con título en Filología. Y muchos de ellos, avergonzados, los más jóvenes, renunciaron al título. De poeta, no de filólogo: con este los que podían se ganaban la vida, aunque fuera dando clases.

Y la cosa a partir de ahí se descoyuntó más y más.

Filólogos. Eso fue. He dicho que los poetas se declararon en huelga. No significa que se dejara de escribir poesía, de invocarte. Significa que se dejó de hablar de ti en las aulas, en los manuales, en los seminarios.

Cada vez que alguien publicaba un libro en una editorial no consagrada por el canon, o compartía lista con alguien que se había dado a conocer en Twitter, era borrado de la lista. Se les tachaba de esquirol.

Al final la poesía española acabó con Luis García Montero, y porque era demasiado conocido para suprimirle. Al resto nadie lo mencionó. Ni lo menciona.

Da igual, ya te he dicho que no se enteró ni Dios.

La gente sigue. Ni con más ni con menos cuadrículas, porque ya no era tan habitual intentar “entenderte”. Para muchos no hace falta, sólo eres una emoción. Y eso te resume por completo. Por eso hay mucha mierda bonita de personas bonitas pero también la rabia luminosa de toda la vida.

Yo no sé en qué bando estoy. Ni porqué escribo esto, ni si se entenderá. Pero lo hago, doy al click y lo subo a la red. Alguien dirá que no tengo pudor y otros que me hago enemigos.

Me da igual. Qué saben de mis errores.

Tengo muy claro que tú siempre fuiste el mejor.

 

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