Si me dejas que sea sin aliento – @shivisc

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Un hombre sabio me dijo que a la mitad de la vida se pasa un resumen de la misma por nuestros ojos. ¿Dónde estamos parados? ¿Cómo llegamos ahí? ¿Fuimos o no lo suficientemente felices como para que nuestra vida fuera un viaje que se ha aprendido a disfrutar? o por el contrario, un camino terroso donde pasamos más tiempo confundidos y aporreados sin saber exactamente todavía el destino de nuestro viaje.

No sé en qué etapa de mi vida me encuentre pero espero y calculo que sea a la mitad.

Mi camino no ha sido exactamente el ideal pero no tengo dudas que a donde quiera que me llevase mi camino terroso, siempre busqué en los paisajes existentes mi propio edén y cuando no existió uno, los diseñaba o imaginaba con tanta fuerza que podía tocarlos de tal forma que muchos se volvieron realidad.

La vida puede ser un mapa de sueños pero debemos de estar dispuestos a aprender, sacrificar e incluso adaptarnos. El sueño más profundo del corazón puede convertirse en nuestra realidad. Bueno, muchas de esas realidades el día de hoy me acompañan.

Tengo los hijos que no esperaba pero sí soñé y en mi interior siempre supe. La vida tranquila que llegué a ambicionar para mí rodeada de mis pasiones favoritas. Cumplo cada una de ellas y también me tomo mi descanso cada cierto tiempo para no gastarlas. Para ir y venir con la ilusión de la primera vez. Para no quemar mis cartuchos de un jalón porque las cosas cuando toman su tiempo y se toma uno el tiempo saben diferente.

Se siente como el premio por el que nos preparamos con anticipación. Por el que renunciamos a cosas, nos disciplinamos y crecemos. Vamos a él con mejores cualidades y se puede disfrutar de la exquisitez del equilibrio entre prepararse para recibir y recibir lo soñado.

Disfruto el trabajo que realizo. La maternidad que me dio forma, incluso, los pequeños momentos de felicidad de las personas que elijo y me eligen todos los días; sin embargo, aunque sienta que no me hace falta, reconozco la orilla de una isla cuando la veo. Un barco sin capitán aunque tenga en alto sus velas. Incluso, el botón de una flor que no ha sido descubierta.

El corazón es el cristal más frágil y delicado por donde atraviesan las personas.

Las que llegan a descomponerlo todo. Las que lo rompen, las que se quedan a vivir en él y las que todavía no lo conocen.

Hace tiempo guardé un balcón en cierta esquina del alma con vista al corazón. Un lugar a donde acudo todo el tiempo pero en esa esquina, se encuentra una vista diferente. Es la que mira directo al amor y entonces me acomodo en mi balcón y sueño.

Sueño con el hombre que no tiene rostro. El que no existe y si existe, todavía no hemos logrado vernos. El que es posible que llegue a desordenarlo todo pero también a construir castillos nuevos.

El alma de quien me puedo enamorar y permitirle pasar a conocer un modo profundo de amar tan diferente que nunca querría irse. Un alma que elija quedarse a caminar mientras construimos la mitad que nos falta. Una que no se vaya y que si me deja, solo sea sin aliento.

 

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