Ser silencio en boca de quien nunca calla – @silencioenletra

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Sirvo agua en la tetera, prendo la estufa con la llama baja, coloco las cinco cucharadas de café, camino en bragas hacia la sala, abro la ventana para que entre un poco de sol, necesito que me caliente un poco la piel, la sangre, la mirada, el corazón.
Prendo un cigarro y mi mente comienza a contarte mi historia como si me escucharas.

—Mi padre no me abandonó, mi madre al nacer yo, decidió alejarlo de mi vida y fingir que había muerto.

A veces pienso que si no lo hubiera alejado de mí, él seguiría en mi vida, intermitente, borracho, infantil, incapaz de amarme, irresponsable, pero hubiera continuado conmigo. Y mi madre, ¡tan bonita!, con esos ojos verdes que al mírarme me gritaban, ¡no me estorbes, no te quiero, no respires, te detesto!

En mi cabeza al no tener información y en mi corazón al no tener su amor, decidí ser silencio en boca de quien nunca calla, me inventé una madre como la de las películas, como la de mis compañeros del colegio, una madre que por hacerse cargo de otros pensaba en mí a la distancia y sufría por no estar conmigo. (Y aquí rompo en llanto y casi no puedo seguir escribiendo. Continúo.

Ahora al verla tan cerca de la muerte estoy comprendiendo que mi madre no me amó, y que eso está fuera de mi alcance.
Mi madre es alcohólica, enferma, incapaz de amar, incapaz de cuidarse y amarse a ella misma. Platico con mi niña interior y trato de explicarle que no es su culpa ni su responsabilidad no haber contado con su amor, su presencia, su cariño y sus cuidados, le trato de enseñar a amar con amor y no desde el dolor y que aprenda que cuando el dolor no se mira de frente y a los ojos se opta por darle la espalda, el dolor crece y crece y cada vez que lo hace te empuja al abismo y ¡pum! tienes que voltearlo y continuar. Y que el tiempo no cura, el tiempo que te necesite, ese tiempo te lo vas a llevar a la tumba, mamá.

 

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