¡Salud! — @GraceKlimt + @alosqueladran

Javier Esteban @alosqueladran, @GraceKlimt, krakens y sirenas, Perspectivas

¿Has visto Blade Runner? La peli de Harrison Ford. Esa, la existencialista. La que tenía ochenta y siete versiones en video y DVD. Yo me tragué todas y todas y cada una de ellas me parecen una mierda. Un videoclip para gente que quiere presumir de profunda. Lo único que se salva es el monólogo de Rutger Hauer. Lo de «he visto naves ardiendo más allá de Orión». El cabrón lo improvisó sobre la marcha y aun así es lo que dice ALGO. Porque no tiene ni pies ni cabeza. Yo creo que lo hizo para reírse de todos, de Harrison Ford, de Ridley Scott, de todos los gilipollas que vinieron después. El mundo sería mejor si lo dirigiera gente así, ¿no lo crees? Gente real que sabe que el sentido de las cosas es no tener sentido. ¿No? Bueno, da igual, sólo era cháchara. Ya hemos llegado. Revisa bien tu arma y antes de salir quita el seguro. Ya lo sé, pero esto es la vida real, no la academia. No bajes la guardia. Dispara primero. Esos #intensitos no te van a dar ni una oportunidad.

—Tendrías que haberte dedicado a la Poesía, eres demasiado sensible, demasiado delicado, demasiado guapo para ese oficio—. Mi madre y su puto amor de madre. Así que me he dejado crecer barba, para parecer más serio. Pero mi compañero no parece impresionado. Actúa como una niñera y está consiguiendo que pierda la poca seguridad que me queda. Y esta barba que pica y no dejo de rascarme tampoco ayuda. -Vamos a cargarnos a esos hijos de puta-, he dicho al montar en el coche patrulla, pero él me ha mirado con una mezcla de preocupación y condescendencia y ha empezado con su monólogo. Los flashazos de otros tiempos vienen a mí desordenados. Firmas de libros. Inauguraciones. Colas en las calles para conseguir una foto con ellos. Fama. Dinero. Ego. Envidia. Frustración. Celos. Rabia. Hordas de #intensitos y sus sueños rotos. Aplastados. Estrellados. Todos llevamos un psicópata dentro, y ellos hace tiempo han dejado salir el suyo. Manadas de locos sembrando el terror. Me sudan las manos. Estamos en su territorio, y este último libro se escribe a tiros.

Nos ha jodido. Yo también he escrito poesía, y no me volví gilipollas. Yo también soltaba mis frasecitas y a la gente le daba igual. Estaba cabreado y frustrado y todo eso. Y era feliz, no lo sabía entonces, porque tampoco sabía qué era ser feliz. Hizo falta convertir Madrid en un cementerio con un millón de cadáveres, de zombis en realidad, para entenderlo: feliz era cualquier mierda diferente a esto. Duele ser una persona real. ¿Que cómo lo recuerdo antes? Cuando todos éramos iguales. Bah, había más teléfonos y menos libros. Sí, la gente compraba libros pero para hacerles fotos con sus teléfonos y subirlos a las redes sociales. Estaba Twitter, Facebook, los blogs… La gente real ya no los usamos porque tienen miedo. He visto temblar a novatos como tú cuando les digo que yo sí sigo con las cuentas. Es necesario para este trabajo. Pero decís: «¡oh, no, Internet!». Quítate esas gilipolleces de la cabeza, Internet no fue la causa. Internet, cuando la gente real también la usaba, estaba llena de mierda pero los que empezaron esto fueron precisamente los que estaban siempre hablando de lo positivo, lo optimista, lo hermoso. Su puta madre, las personas bonitas. Decían que los demás éramos tóxicos y por eso empezaron a pasar de sus mierdiversos a los hechos: nos empezaron a borrar. A negar el derecho a ser si no éramos como ellos. Esto no es una guerra para mí, chaval. Es defensa propia.

Si le das un arma a un loco, no esperes que piense antes de usarla. Y algo así pasó, les dieron el poder, les convirtieron en Dioses elevados a altares, les pusieron una pluma en la mano y sus palabras eran verdad. La verdad absoluta. La única. Incuestionable. Insustituible. Y si no la recitabas, no eras de los suyos. O conmigo o contra mí. Algo así debieron pensar. Se sintieron asustados por esos que no seguían al flautista, y cogieron el camino fácil. Si no puedes con el enemigo, mátale. Nunca la realidad superó a la ficción de una forma tan salvaje. Por eso estoy aquí. Te lo explicaría, pero no me escuchas. Quiero prender fuego a todo. Que ardan en una hoguera, una quema de brujas, pero con balas del calibre 38. He visto a mi padre escribir a escondidas historias que le llevarían directo al infierno que ellos han creado. Escribir ya no te salva. Escribir te mata. Y ya va siendo hora de, aún muerto de miedo, cambiar el guión.

En la academia sólo os enseñan rencor. Por eso, cuando os sueltan, os emparejan con gente como nosotros. No me lo digas, ya me imagino tu historia. Tu triste historia, porque todas las historias son tristes. Cómo no. Lo único que te diferencia de ellos, es el tipo de tristeza. La tuya no es muy distinta de la mía, no se disimula con cuatro frases hechas y sonrisas. Venís pensando que la palabra Poesía tiene que ir con mayúsculas. Como la palabra Academia. Sí, ellos cogían sus micros y vendían una esclavitud disfrazada de revolución y bla, bla, bla… Me sé todas las metáforas. Pero yo tengo cicatrices, tú sólo tienes anécdotas. Y egos heridos, porque la academia pasó de dominar el cotarro a ser patrimonio del ridículo. Olvidada. No tienes mucha idea aún, esta es tu prueba. Ahí está. Te observo. La cola te lleva a tu turno. Muy bien. Qué pregunte tu nombre, que te vea. Que te vea bien. Pide la firma, la bendición. Que se disponga a soltar su frase de rigor. Tú saca tu arma y prepara tu verso. Da igual que yo te haya aconsejado que no, perderás el tiempo recitando, lo sé. Algo que no entenderán. Lo sé. Algo que se perderá en el estampido. Y dará igual:

Maldito el que pronuncia estas palabras

si encubren sólo un muerto o un no nacido.

Lautréamont y Rimbaud murieron.

Los poetas del ramo barren
con su lengua falaz escalafones tristes.

Lautréamont y Rimbaud murieron.
Salud, adolescentes de la tierra.

J. A. Valente

 

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