Rutina – @caosasumido

dkys colaboraciones De principio a fin

Dio el último sorbo al vaso de whisky y pensó que esa noche no terminaría como solía ser habitual. Sentado en el borde de la cama, con la cabeza entre las manos, pensando si su cadáver quedaría más bonito con un disparo o con dos.

…, sacudió la cabeza varias veces, intentando alejar esos estúpidos pensamientos.  Algo absurdo, las ideas no salen lanzadas en todas las direcciones, no  son las gotas de  agua de un perro mojado salpicando cuando se sacude. Imaginó sus pensamientos triturados saliendo por los poros a través de su pelo y esparciéndose por toda la habitación, salpicando cama, paredes, alfombra y mesita. Sonrió, una mueca cínica, y la letanía que llevaba tanto tiempo en su cabeza volvió.

Se levantó a por otro whisky, sabiendo que el alcohol no iba a mejorar la situación, pero no se le ocurría qué otra cosa hacer.  Dio vueltas por la cocina, bebió y esperó, ella tenía que llegar en cualquier momento. Cada día llegaba más tarde, cada vez las excusas eran más tristes, cada vez la mirada mas apagada. No quedaba ni la posibilidad de hablar: chsss, los niños duermen, no vayas a despertarlos, estoy cansada, ya hablaremos. Sabía que no aguantaría mucho, que todo iba a peor. Las facturas sin pagar, las interminables llamadas del banco, los días en casa sin nada que hacer. Ella siempre fuera. Trabajando, decía. En el Pub, decía. No puedo acabar antes, decía. Él se había cansado de creer sus mentiras. En sus sueños más planeados ella volvía a sonreírle con esa falsedad tan aprendida, tan fría, tan dañina y él cogía la pistola y disparaba, sin pensar, sabiendo que su cadáver sería más acogedor, más amable, más bonito con un disparo en la frente que ese cuerpo que alguna vez deseó. Con dos disparos en el corazón que alguna vez tuvo sentimientos.

Acabó el whisky, se cansó de esperar. Esa noche volvía  a terminar como todas. Se metió en la cama y siguió soñando. Con otra vida, otras gentes, otro mundo. Hasta que el sonido de la rutina le despertó. En pie, ducha, preparar el desayuno, despertar a los niños, hacerles reír. Y todos al coche, venga, que se hace tarde.

Dejó a los niños en el colegio después de dar un beso a cada uno y asegurarles que a la salida estaría esperándoles y no dejó de mirarlos, orgulloso, hasta que traspasaron la puerta y le saludaron con la mano.