Rotos – @Mous_Tache

Mous_Tache @Mous_Tache, krakens y sirenas, Perspectivas

Hoy no pensaba salir y ahora te acompaño en el taxi que nos lleva al centro, a tu piso. A pesar de ser de noche, te has colocado tus gafas de sol, le has indicado la dirección al conductor y no me miras. Pelo largo, labios perfilados e indumentaria perfecta desde tus sandalias de tacón hasta los pendientes plateados que luces en tus orejas, como perfecta es la seguridad en ti misma que transmites con tu actitud.

Al contrario que yo, que visto una vieja camiseta, unos vaqueros cualquiera y unas raídas zapatillas y sobre mi cara una descuidada barba que dejó atrás lo de ser de tres días hace ya un par de semanas.

También te miro, de reojo, un poco desubicado.

Cierro la puerta de tu casa tras de mí y me invitas a tomar algo. Me abalanzo a tus caderas y a tu boca. Me besas con desenfreno para un instante después desprenderme de mi ropa mientras no permites que sea yo quien te prive de la tuya. Desabrochas los botones de tu blusa, para continuar con el pequeño cinturón que rodea tu cintura por encima de la falda y colocas ambas prendas con cuidado en una percha.

Conjunto de braguita y sujetador a juego, negro, precioso, repleto de transparencias, bordados y encajes. Tomo la iniciativa. Como norma suelo mantener el control en estas situaciones aunque reconozco que hoy me ha costado disimular el temblor de la mano con la que con un imperceptible pellizco sobre los corchetes, he liberado tus pechos de su cárcel de lencería.

Percibo tu excitación en tus jadeos que comienzan a intensificarse mientras te hablo, mientras paso mis dedos por tu espalda en dirección a la minúscula pieza de tela que aún me impide disfrutar del placer de la visión de tu anatomía completamente desnuda, y la tomo en mi mano separándola unos centímetros de tu entrepierna. Arqueas el cuello, apartas tu pelo con una mano mientras me miras por encima de uno de tus hombros con una cara de deseo que no había contemplado nunca en situaciones similares.

Y me enciendes…

Doy un tirón y suena un chasquido. Has saltado de la cama como un resorte. Tu cara un poema y la mía intentando entender el problema, que a juzgar por como te quitas la maltrecha prenda y la examinas bajo la luz de la lámpara de la mesita de noche que acabas de encender, el problema existe.

Se abre la puerta del ascensor e intento reflexionar sobre lo ocurrido. ¿Hoy no se fabrica todo en China? Tenían que romperse por el encaje y no por las perfectísimas dobles costuras. ¿Cómo iba a saber yo que algo tan pequeño costaba más caro que cenar en Zalacaín o una ronda de gintonics en la terraza del Rotary Club?

Desintegrados, aniquilados y rotos: La brillante capa de superhéroe seductor que admiraban los asistentes al local del que salí contigo, tus bragas y mi ego.

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