El rol dominante – @Patryms

Patryms @Patryms, krakens y sirenas, Perspectivas

“Doctor, si me deja tomar este tequila le prometo no beber en mi funeral”.

 (Frida Kahlo)

 

– Insostenible vs tú y yo. Eso es todo. Llevamos demasiado así, no creo que no hayamos llegado a la misma conclusión. Para cuando aparece el frío ya estamos helados por dentro; juntos y cada uno por su lado, sin contarnos nada siendo quienes mejor nos conocemos el uno al otro. No me mires con ese tono suave que usas cuando estás indignado, por favor. Vamos a tener esta conversación. Ahora. Aquí. Hasta que acabemos de hablar o el uno con el otro…
Se suponía cuando nos conocimos que nos íbamos a repartir los papeles. Yo descubría los sabores y tú sacabas los ingredientes. Tú componías y yo bailaba. Yo saltaba a la aventura y tú llenabas los diarios de a bordo. Así era al principio. Y cuando ambos lo entendiésemos compartir lo demás iba a ser sencillo; para ti el conocimiento y para mí la intuición… Y ahora te enfurruñas con los gananciales y con la separación de bienes.

Sigue con tu desdén, pero escúchame un momento, ¿de acuerdo? Necesito entenderlo, entendernos. Y te veo ahí, contando en silencio mientras intento llegar a ti. ¿Desde cuándo nos dedicamos a contar las palabras para venderlas a un precio justo?

– ¿Ahora vamos a hablar? Eres tan melodramático… Tenía que ser hoy, claro, para que te quede bien en tu oda al qué se yo que me abruma. Hoy, la noche en la que vamos a llegar a los cero grados. Hoy, que no hemos hecho nada de todo lo que ambos sabemos que tenemos que hacer y que se nos viene encima. Hoy, justo hoy… tienes tiempo para pararte conmigo y no encima de mí a hacer tu santa voluntad. ¿Quieres sinceridad? ¿Que me remonte a cuando nos conocimos? No es necesario. No voy a recordarte que suena a metálico y cristal después de dejarte conducir. Así que cállate. Cállate y sigue con tus fantasías de personajillo de cuentos y tus metáforas rebuscadas y costumbristas.

– No sabes perder…

– ¡Y tú no entiendes que hay que aprender a ganar! Vives a base de sueños que te mantienen latiendo vivo pero sin fuerza. Esa fe que crees tener, no es más que el ser una hamburguesa de tofu que pasea cada mañana en una oficina de caníbales. No reparan en ti y no llamas la atención, por eso no te comen crudo de un solo bocado. La experiencia nos tenía que haber hecho cenizas. ¿Quieres una imagen épica? Deja al fénix morirse de una puta vez. Se supone que deberíamos ir con la cabeza bien erguida y la cintura quebrada y no al revés. Soy yo quien se levanta a primera hora aunque te hayas pasado la noche en vela revolviendo las sábanas. Yo quien organiza lo siguiente, recoge lo anterior, paga las facturas y prevé que tengamos algo que echarnos a la boca para consolar todo este desorden o distraer que, en este piso tan enano que nos ahoga, no tenemos nada que colgarle a la única pared que sujeta la puerta que nos encierra. Yo…

– ¡Basta! ¿Ahora es todo culpa mía? ¿Soy quien lo echó todo a perder por pensar también en lo que queremos y no solo en lo que tenemos? Claro, pobrecito, si me agito se agobia. No te las des de listo; te recuerdo que sonreír, abrir los brazos, sostener una mirada, dar un paso más y escuchar con atención puede que sean cosas que tú ordenas, pero no son cosa tuya sino mía. Cosa mía, no culpa mía. No soy yo sólo quien sueña ni quien repite las escenas una y otra vez a ver si les encuentra el rincón dónde elegir vestirse de otra cosa.

– No, tú no eres el único que sueña es cierto. Pero eres el del sueño constante. ¡¿Por qué te crees que no quiero dejarte el rol dominante?! ¿Crees que no veo que das cada paso saltando? No necesito espiarte para saber que te asomas con un «¡tachán!» cantado a cada curva porque voy pegado a ti, ¡me arrastras y me emborrachas con tus luces y perfumes! ¿Y luego? Luego soy yo quien tiene que levantarse el primero y revisar dónde, cómo, por qué y qué ha pasado cuando tengo que recogerte a ti y al siglo que parece que te han echado encima.

– Te crees que porque contestas para ti nadie te escucha y que nos proteges. No me dejas nadar en ojos ajenos ¡porque te da vergüenza que te vean en bañador! Eres tú el que susurra a gritos un padrenuestro de peros y porqués. ¡Cobarde! Pobrecito Cerebro, mira que nos avisa, pero nunca le hacemos caso… A veces no sé si bombear tan fuerte que te ahogue y te mate o rogarte que me mires hasta que te empape y me escuches. ¿Quieres que te lo deje todo a ti? ¿Para qué? Nunca vacías los vasos, tampoco te los bebes; rebuscas sin saber que quieres encontrar porque no haces más que mirar para atrás. ¿Quieres una imagen gráfica? Aléjate de la pared y deja que se caiga, a ver qué pasa…

– Que se me clavarán a mí todos los cascotes para que no te rocen, eso es lo que pasará. “Proteged el Corazón de la reina…”. Y que luego me tocará barrerlos, eso también.

– O tú o yo, será eso.

– Ejem… Así no vais a ningún lado. Aquí abajo. Sí, sí… por debajo del ombligo. ¡Hola!
No vais a llegar nunca a un acuerdo, ¿no os dais cuenta? Esto no va de vértigos, pero tampoco de planes de pensiones. No es cuestión de ajados o inmortales, ni de hormigón o seda. Ni siquiera va de saber montar para llevar las riendas. Podéis seguir discutiendo, arrojaros el uno al otro al primer león que pase, incluso podríais intentar entender que va más de juntos que de revueltos, que tampoco, aunque sería bonito.  
No. No vais a llegar a una conclusión ni a un trato que se sostenga pasado mañana. Pero ¡eh! Seguid pensando en quién debe llevar la voz, por mí no lo vayáis a dejar sin resolver…
De todos modos en la próxima, yo, ese que vive tan en todo y tan abajo como para que lo olvidéis, haré encogerse el estómago, que tú palpites y que tú te alarmes. Y ese eco, queridos míos, no sabe de acuerdos. Al fin y al cabo, los Instintos sí que sabemos mandar.

 

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