Repartiendo magia – @relojbarro

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Me refugio en el pasado, recurro a él y vuelo a un lugar en el que no existe sentido del tiempo, un lugar en el que ella, siempre está. En esto divago cuando una música trip hop me devuelve a la realidad y veo a la chica envuelta en negro satén, bailando, sensual, provocativa, anhelante…no sé ni cómo se llama y me importa un bledo la verdad, está buena, punto.

Me sonríe mientras pienso que me jode que me haga olvidar por unas horas a quien alimenta mi alma. Ralentiza el baile, parece titubear, duda si le gusto, es insegura, como tantas pese a estar tan buenas y ése es el paraíso para tíos como yo, sin un cuerpo atlético ni especialmente guapos y yo, lo aprovecho. Sonrío, pícaro. Bebo un poco de mi copa de vino mientras centro mi atención en ella. Se anima. Insinúa quitarse el sostén, lo cual me da unos segundos para volver a mi mundo.

Viví esto mismo no hace ni dos semanas, la he llevado al mismo restaurante que a la chica anterior, casi las mismas bromas e insinuaciones, fuimos al mismo bar de copas, mismo paseo hacia mi casa, misma parada oportuna en el semáforo que siempre pillo en rojo para besarla, mi mano ya no soltará su pierna hasta casa, mismos besos contra el capó antes de encender la luz del parking y todo, ¿por qué? Por despecho, por rabia, por no sentirme solo o por no enfrentarme a mí mismo.

¿Tengo necesidad de hacer estas cosas? Ninguna.

¿Cómo me sentiré mañana? Miserable y más vacío que ayer.

¿Por qué lo hago? ¿Vanidad quizá?

¿Qué pasará con la chica? En unos días solo recordaré su cuerpo.

Me fijo en su cintura, se le marcan los oblicuos, se entrevén sus abdominales, alucino. Los pezones pequeñitos y erguidos, que disfrutaré morder. Se gira, se aparta la trenza que se ha hecho en el coche para mí, me fijo en los dos hoyitos en sus lumbares…mi cabeza ya no piensa en nada que no sea lo que voy a hacerle. Es perfecta, casi un sueño, pierdo el norte. Lástima que se haya dejado seducir tan fácilmente, ¿o ha sido al revés? Bebo lo que queda de vino de un trago y voy directo hacia ella. Vuelvo a interpretar el papel que odio, el de primate.

Se acabó el juego, es lo que quiere, ¿no? Que me la folle como animales que somos, que juguemos, que yo sea el mago y ella la niña de ojos brillantes que espera magia. Vamos allá, sin truco, solo instinto animal, me la voy a follar duramente contra la pared, mientras me llama cabrón con la voz entrecortada por las embestidas, profanaré su boca, la sodomizaré inclinada sobre la mesa del comedor y la sentaré sobre mí en el sofá para llegarle bien dentro, hasta que se rinda, abrazada a mí; mi habitación ni la va a ver, correrme no me correré, lo sé, por rebeldía, por castigarme, no sé, sólo sé que me entrego a quien me importa algo y desde luego no será esta noche, esta noche no somos personas, somos mamíferos, simple química. Pues nada, el alma guardada tras capas de miedo y orgullo, de todas formas, mi senescente alma hace ya mucho que ni me pertenece. Ya me enfrentaré mañana al vacío, ahora ya no es mi cerebro quien piensa.

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