Renacimiento – @shivisc

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Hoy desperté diciendo tu nombre de forma clara y en voz alta. Tantos años sin mencionarte y llegas apareciendo en esos pequeños detalles que creí olvidados.

Regresaste como un huracán a invadirlo todo. Mi espacio, el aire que respiro, mi mundo que dejó de ser tuyo, los besos que se fueron contigo y mi cuerpo que nunca dejó de esperarte.

Me sofocaba el sueño porque quemabas. Quemabas como herida reciente, como el fuego que no se apaga y te arrastra al cielo e infierno al mismo tiempo.

El fuego de tu boca en mis labios. El de tus manos en mi rostro y tu respiración entre nuestra saliva y mi cuello.

Me abandonaron las palabras. Eras tú, sin ser tú y no estaba preparada para enfrentarte en otra cara; con otro cuerpo, en otras manos pero espera, sí eran tus manos porque me sentí volando con las mismas alas.

Renovadas y diferentes. Con más fuerza. Más furia y sed por todas las ruinas que quedaron a mi paso mientras te esfumaste en el tiempo.

Regresaste en él con cada uno de tus detalles y la certeza de una puntería exquisita.

Como si supieras en dónde poner cada bala, apretar cada botón y comencé a sentir miedo como aquella vez que no me fui y me quedé paralizada, a tu merced y sin mis palabras.

Me dejé tocar y besar porque te extrañaba y no sé si a ti, a o a esa idea del amor que una vez entregaste en mis manos que como el agua abandonó mis dedos para observar cómo fue evaporándose en la tierra. Tal vez me extrañé yo siendo contigo pero también la piel me llevaba a ser yo para mí, con él, sin ti y sin nosotros.

Me llenó los ojos con su rostro, mis labios con su sed, mi piel con sus manos y su olor con mi olor me arrastró hasta olvidarte y solo desear que su rostro se grabara en mis pensamientos mientras se desvanecía el tuyo.

Eras tú sin ser tú. Era un nuevo rostro del amor. El que te tuve, que murió conmigo y resucitó de golpe. Él, sin saber, con su sonrisa me lo trajo de vuelta.

Hoy desperté con tu nombre en mis labios y lo dije tan fuerte que caí del sueño a mi rostro lleno de lágrimas. Confusa, todavía sintiendo su piel en mi cuerpo. Con las manos vacías pero la boca húmeda y quemándome por su último beso.

Te llamé en voz alta y mis ojos al abrirse te alcanzaron de reojo. Volteaste sonriendo y de nuevo se me grababa tu rostro. Logré pronunciarte de nuevo y cerré los ojos con fuerza porque supe que reabrí el infierno que juré no abrir otra vez.

Te había soltado y al hacerlo, el amor me alcanzó de nuevo.

 

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