Recuerdos de una tarde de domingo – @_SoloB

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Recuerdo las tardes que miraba el reloj y no pasaba el tiempo. Los días eran eternos, las semanas eran repetitivas, el fin de semana, entre cuatro paredes.

A las 18:06 se detuvo el tiempo una de esas tardes, mi vida iba a cambiar a partir de ese momento.

¿Recuerdas las tardes tendida en el sofá pidiendo auxilio en silencio? Yo sí; nadie me escuchaba, solo oía mi propio llanto; mi espalda se deslizaba suavemente contra la pared, mientras mi piernas no respondían y acababa en el suelo, con las manos cubriendo mi rostro, ahogada en lágrimas.

¿Recuerdas cuando creía que el equilibrio en mí era imposible? Yo sí, llegaba una de cal y una de arena, bofetadas de realidad y caricias en forma de sueños.

Creí volverme loca, tenía el cuerpo y la mente zarandeada entre tantas heridas, cuando creía que sí, que sí podía, volvía a azotarme la realidad; cuando creía que no, venía un pequeño rayo de luz a asomarse entre mis rendijas.

Pues ya no, ya no soy la chica triste y gris de ojeras infinitas, me he convertido en la mujer que puede elegir con qué gama de colores pintar su cuadro, abstracto, desordenado, caótico, pero lleno de color.

Y ahora que puedo elegir, es cuando más miedo tengo, miedo a ser feliz, acostumbrada al sufrimiento y las noches en vela, ahora sí, ahora me muero de miedo porque ha venido la felicidad a instalarse en mi vida, sin yo buscarla.

Y el puto reloj, se ha parado, para que piense, para que sienta, para darme la oportunidad que tanto soñé. Y ¿ahora qué?, ¿me tomo la vida a sorbos o te tomas un chupito conmigo?

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