¿Qué hice anoche? – @GraceKlimt

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Raquel. Fin de año.
Demasiado humo en el baño.
La prohibición de fumar en el local no ha llegado a los servicios, y allí se han congregado todas las chicas a la vez, encendiendo cigarrillos sin control, colocándose las ligas y las braguitas rojas para recibir el año nuevo, ajustándose las faldas, retocándose el maquillaje, repasándose el pintalabios, comparándose los vestidos y midiéndose los tacones.
Ella solamente quería huir de los abrazos. Se siente agotada, después de una cena forzando la sonrisa, aguantando las ganas de salir corriendo, mordiéndose la pena.
Y pensando en Manuel.
Otra vez Manuel, siempre Manuel. Maldito Manuel, si no te quisiese tanto, sería capaz de odiarte como nunca te han odiado.
Borrando ese pensamiento, en 1, 2, 3.
Excitación, algarabía, gritos excitados. Suenan los cuartos. Una mano suave la sujeta con firmeza de la muñeca y la lleva casi arrastrándola al centro de la pista. Ella recompone su sonrisa, de nuevo, y se deja hacer.
Campanadas, 12 uvas, brindis, besos, abrazos, te quieros alborotados.
Hola, querido año nuevo, dame fuerza.
Y de pronto, algo impacta en el centro de su pecho.
Y de pronto, siempre Manuel.

Manuel. Fin de año.
Demasiada gente en casa.
Se ha visto arrastrado por el huracán que es ella, y ahora cada rincón está lleno de cuñados, tíos, primos lejanos, y sobrinos que corretean entre los libros de la biblioteca y el orden extremo de su despacho.
Al menos, entre comida, gritos, villancicos y copas de vino, ha podido disimular un poco su tristeza. Así pasa su vida últimamente. Disimulando.
Y pensando en Raquel.
Otra vez Raquel, siempre Raquel. Maldita Raquel, si no te quisiese tanto, sería capaz de odiarte como nunca te han odiado.
Borrando ese pensamiento, en 1, 2, 3.
La televisión comienza su repiqueteo de cada año. Suenan los cuartos. Entre trompicones se apretujan todos en el pequeño saloncito. Él mira alrededor y se siente extraño entre la pequeña gran multitud que le ha invadido.
Campanadas, 12 uvas, tos, risas, chistes, besos, abrazos, copas chocando.
Hola, querido año nuevo, sálvame.
Y de pronto, algo impacta en el centro de su pecho.
Y de pronto, siempre Raquel.

Cupido. Año nuevo.
Abre un ojo, luego el otro, y entre paisajes borrosos divisa uno de sus rizos rubios, que se mueve de forma infernal entre sus ojos como un muelle, haciendo que pierda el eje de equilibrio que tan cuidadosamente logró hace un rato, cuando cayó borracho perdido en medio de la cama.
Todo lo que le rodea gira sin freno absorbiéndole en esa espiral fatal, y él solo alcanza a ver como bailan los números del reloj… ¿son las 13.18h, o son las 18.13h?
En un acto de valentía digno solo de la especie no humana a la que Cupido pertenece, se arriesga a levantar la cabeza y buscar por la habitación, diadema de laurel encontrada, calzones de fiesta encontrados, alitas de altos vuelos encontradas, arco y carcaj encontrado, flechas… ¿dónde están las flechas?
Una imagen impacta en su dolorida cabeza, y de pronto Raquel, y de pronto Manuel, y de pronto las campanadas, y de pronto un nuevo año, y de pronto miles de propósitos, y de pronto Cupido dejándose llevar por la euforia, tomando Moët & Chandon, otra copa, y otra, y otra, y otra más, sintiéndose humano, y de pronto Raquel y Manuel en su punto de mira, y de pronto Cupido tensa el arco y…
Oh!, mierda, joder, mierda, mierda, joder, joder, joder!, pero yo, ¿Qué hice anoche?

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