Punto y seguido – @Patryms

Patryms @Patryms, krakens y sirenas, Perspectivas

He encontrado el labial idóneo para usarlo como imagen, onomatopeya y metáfora de vida. Es rojo, intenso, muy fijo, muy mate y opaco. Es como contornear y rellenar una sentencia, pintarrajeando mientras sonríes apretando los dientes.

Cantar, comer, fumar, beber, besar y sigue intacto. Inmóvil y reseco, tirante y burlesco.

Usarlo es ponerse un antifaz, unos tacones y salir desnuda. Una máscara que me permite vencer mis inhibiciones y conservar parte de un misterio algo rancio y miedica… Una que no tintinea cuando me tiembla el semblante.

Imagínate, un “así con todo” perfecto.

Que qué más te dará a ti, te estarás preguntando, mientras yo sigo con mi costumbre de usarte como diario.

Se me ha olvidado darle la vuelta al folio que no acabo y del que no quiero saber de su otro lado vacío.  Perdidos entre los borrones, en esta cara deben andar suspirando los sofocos y jadeos de los recuerdos y las lágrimas de las masturbaciones que bailotean entre el susurro y el escupitajo.

Nunca me he resistido a las voces de aquellas muñequitas que me canturreaban “otra vez”, sin embargo, tampoco he sabido no ajusticiarlas después de emborracharlas. No era caer un fin en sí mismo, ni arrastrarte conmigo, pero no puedo evitar relamerme pensando en ese momento épico e incongruente que precede al crack de los añicos: el éxtasis ex aequo.

Eres el culmen del más. Más emociones, más alto, más rápido, más lejos, más tiempo… Otra vez y peor. Y que no se me ocurra otra explicación que  mantener el equilibrio de dejarte donde estas si no se me olvida tenerte presente.

Otra vez, sí. Atado a mi muñeca izquierda para ser libre siendo diestra, amontonando en una mochila demasiada pequeña todo lo necesario para que te vayas y pueda sentirme ligera. Te dejo marchar abandonándote atado a una señal de prohibido el paso. La vuelta al mundo de beso en beso, y en medio una década en la que los huesos se te hayan astillado a ver si de una puta vez consigo registrar hasta el rincón del fondo.

Que cosa tan extraña esa manía tuya de alimentarme el alma con el ruido de tu andar de puntillas alrededor mía para que yo intente pararte rozando la yema de tus dedos. Que rutilante ese don de sacarme de quicio después de haberme dejado con la cerradura rota a la altura de las bragas.

Y que aun así, cansada, me enamore de los bailes, los atajos, el magnetismo, y los caminos que se entristecen al verme pasear más vieja pero con la misma razón en los labios. Mi cerebro, ese disco duro lleno de síes, noes, otra vez, otras veces y algunos adverbios que me ayudan a salir del paso, es una máquina de producir peros. No se me secan los ojos. Y tú, el de las sorpresas, eres tan zorro que me invitas a dormir contigo sin que nos acostemos. Molino y viento, rugido y trueno.

A contraluz, nuestro acuerdo faustiano se firma acabado de un punto y seguido.

Pues eso, que he encontrado el labial perfecto. Ya sabes que me distraigo si no puedo abstraerme. He encontrado un par de canciones en las que perderme, también. Una para cuando tengo frio, otra para imaginar que te digo y no te escribo. Yo me llevo bien con los fantasmas, así que no me siento sola al bailar sin que nadie me vea. Por lo demás, todo sigue más o menos como estaba y no muy lejos de donde estaba.

Lo sé; esta es la carta de una única cara más larga del mundo. Años llevo escribiéndotela, dejando tirada la verdad reliada con el sujetador a los pies de la cama. Sin a partes, sin finales.

¡No puedo dormir disfrazada de Penélope!

Aunque vuelvo a darte las buenas noches, dejándote la puerta abierta hasta que te vea acabar de cerrar las cajas de mi mente dispuesto a mudarte.

Que se rompa o que se gaste este papel manchado en un fascinante y único movimiento de desgarre. Que me dejaré los bolis enganchados al corazón y haré un barco y un avión, a ver qué te llega antes.

Lo que no he decidido aún es en cuál pondré el rezo para una decimotercera segunda vez y en cuál la esquela de lo nuestro.

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