Pronóstico reservado – @relojbarro

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Hubo un tiempo en el que viví bajo la esperanza de un «Pronóstico reservado», bajo una quimera de recuperaciones milagrosas que, en el fondo, eran fantasías para eludir la verdad, que no hacían más que alargar mi agonía, pequeñas mentiras (al principio) que me decía a mí mismo, que intentaban en su conjunto ser una medio verdad, pero es cierto que la diferencia entre la verdad y la mentira, es que una sola verdad soporta un peso que mil mentiras, no pueden.

El diagnóstico real era, muchas veces, muy grave, otras tantas, terminal. He calculado que debo haber muerto más de mil veces.

He muerto más de mil veces, algunas más dolorosas que otras, otras menos, pero ninguna fue plácidamente. He muerto, como aquella vez que murió mi abuelo con el que me crié, y se me murió un padre y un abuelo a la vez.

Morir, como cuando creí que los últimos seríamos los primeros y seguimos últimos, cuando tras tantas batallas rendirte hasta parece una posible victoria.

Morir, como aquella vez que creí que seríamos La historia y no llegamos ni a capítulo, y nos vi agonizar…y nos vi morir.

Morir, como cuando vi a mi hermana llorando de impotencia por el daño que me hacían a mí, y no pude llorar yo para evitarle más sufrimiento, teniendo que guardar mis propias lágrimas, las que ahí siguen, dentro.

Morir más de mil veces, como aquella vez que me instalé en el rencor porque no me querían como yo quería, como yo la quería. Como aquella vez que mi mano escribió «Cuídate», mientras mi cabeza pensaba «Llámala» y mi corazón gritaba «No lo envíes».

Morir cada día, mientras nuestro tiempo se agota, sin poder pausarlo ni cinco minutos y ver cómo se nos escapa hasta que la muerte, implacable, gane.

Y nacido. He nacido más de mil veces, he nacido cuando he asimilado, cuando he aceptado, cuando he invertido la fuerza que me aplastaba y me he liberado, cuando aún llevo conmigo y mis decisiones gente que ya no está, pero sus consejos sí. Cuando me doy cuenta que soy quien soy también por lo que dejaron en mí, y lo que dejaré de ellos en los que seguimos en pie.

Nacer, nacer más de mil veces, porque moriré otras mil veces, y renaceré más de mil veces, hasta confundir a la propia muerte, y ella misma no sepa si gana ella, o gano yo.

 

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