Principios inquebrantables – @shivisc

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Ese hombre estaba roto por sí solo. Nunca entendió que la guerra que libraba fue contra sí mismo y jamás contra el mundo entero. Qué fácil fue de romper todo aquello que estaba hueco. Que se mudó de paredes porque ni siquiera le quedó el suelo donde posar los pies sobre una realidad alterna. Nunca supo en qué momento se le abrieron las alas y se fueron; como tampoco cuándo perdió el corazón y quedó abandonado en las manos equivocadas.

Qué complicada es la lealtad y qué necesaria. Necesaria para sobrevivir, indispensable para vivir con uno mismo.

Aquel hombre no supo cómo, cuándo, dónde todos sus dioses le abandonaron. El de la sonrisa, el de la calidez y el cariño; el que velaba por su tranquilidad y finalmente el de la lealtad hacia él mismo;solo le quedó el miedo.

Un Dios tan arrogante e inseguro que lo llenó de dudas y lo apartó del mundo. Que lo rodeó de sombras, angustia, paranoia y ceguera para apreciar la vida.

Qué necesaria es la lealtad para no cortar el hilo de la vida que nos ata a los sueños y esperanzas. El principio inquebrantable de no atentar contra uno mismo. De no prendernos fuego. De no tomar la cuerda y cruzarla por la viga más alta. De no saltar al olvido con el que no queremos ser recordados.

De convertirnos en cenizas cuando antes nos hicimos polvo. De negarnos el derecho de existir porque no existe un lazo que nos una a los otros. Una semilla a la tierra, un abrazo hacia un perfume exquisito. Unos ojos que nos miren fijo y una boca que se encuentre esperando nuestros labios.

Dejar el mar herido y lleno de lágrimas saladas. Un silencio insoportable. Acciones que no serán reparadas.

No nos abandona Dios, nos abandonamos nosotros.

 

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