Mi primer viaje – @silencioenletra

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Te contaré un poco de mí.

He vuelto a escribir en papel y he vuelto a olvidarte, he descubierto lo bien que me quedan las flores marchitas en el pelo y las sonrisas sin motivo, he sobrepasado el límite de la necesidad varias veces, me he vuelto loca, he sido débil ante unas manos que no me han tocado y he gemido nombres de personas que no conoceré en la vida, quiero como lo hacen los niños, con toda mi puta alma.

Amo caminar descalza, bailar sin música y llorar porque sí, utilizo a las margaritas para contar cuantas veces me han querido y cuantas no, te sorprenderá saber que va ganado la segunda opción, hablando de segundas, lo he sido, pensando estúpidamente poder ser la primera, ya ves nunca se me dio ser la primera de la fila de nadie.

No sé querer a medias, a ratos, ni a dos al mismo tiempo, quise aprender a hacerlo después de ti, pero ya sabes no sé ser desleal conmigo misma. Sigo besando con los ojos cerrados y con las piernas abiertas, me ponen nerviosa las palabras bonitas, duermo poco y sueño demasiado, escribo porque se me da mejor que hablar.

No pido auxilio a voces, lo escribo entre líneas, es como aprendí a gritar desde que unas manos taparon mi boca de niña. Hace mucho tiempo dejé de razonar cuando quiero, tengo una venda preciosa en los ojos del material más fuerte del mundo: los sueños.

Me sueno de algo pero aún no me recuerdo, no sé hablar de primavera y los inviernos internos se me dan de puta madre. Te asombrará saber que me han hecho florecer con un ‘te quiero’ y que hay flores que necesitan toda una primavera para florecer, me han roto y he roto jugando al amor.

He aprendido a jugar con las letras como tú lo hacías con mi corazón, por mucho que intente coserme siempre me sale la infancia por las costuras, hace tiempo que no lloro y no sé si sea por falta de necesidad o de valentía.

Me he sentido valiente cuando más me temblaba el alma, saco fuerzas de mi insomnio para mantener lo que no tengo, me mantengo con pequeñas dosis de felicidad tomadas cada veinticuatro horas, tengo ataques de pánico y de besarte, fumo esperanzas a escondidas y bebo litros de ‘voy a poder con todo’ cuando me siento cobarde y vencida.

He buscando ayuda en manos amigas, pero ya no quedaba, estaba agotada. He roto cheques de reproches y recuerdos, aprendí qué hay que luchar por lo que queremos y no en contra de quien amamos, me gusta que me mires como una niña y me folles como si fuera una mujer, la de tu vida. Mi primer viaje lo hice al cerrar los ojos imaginando tu pecho contra el mío, escuchando entre gemidos, ‘me quedo con todo lo que eres, mi niña’.

 

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