Pongamos que hablo de ti – @Mous_Tache

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Arizona, lo recuerdo…

Y es que bastó un sólo instante para que se derrumbara el castillo de naipes de mi concienzuda estrategia. Cuatro holas, cien sonrisas y mandó al traste todos mis nunca más: No volver a casarme nunca más, no implicarme emocionalmente nunca más, no volver a tener hijos,… exacto, nunca más.

Tu madre se presentó en la puerta de mi casa sin avisar. Me entregó un paquete pequeño perfectamente envuelto que oscilé ante mi oído intentado averiguar su contenido y me dijo que lo abriese, que era amor.

Me rodeó con sus brazos, reposó su cabeza en mi pecho y me devolvió instantáneamente a revivir los sentimientos de un quinceañero.

Llegó demasiado pronto y me pilló con la vida desordenada, pero me dijo que no me preocupara, que me ayudaría a poner las cosas en su sitio sin prisa, que teníamos todo el tiempo del mundo.

Nos enseñamos en el sofá los álbumes de recuerdos del pasado para colocarlos después en la estantería del olvido y pusimos nuestra primera lavadora juntos llena de sus miedos y los míos.

Arizona, bonito nombre…

Porque ibas a ser niña, eso lo decidimos en cinco minutos. Con el nombre tardamos algo más, quince, creo. Llegué a imaginarme tus pies marcados en el interior de su barriga, tus manos y tu boca llena de chocolate con una sonrisa sin dientes, paseos descalzos por la playa vestidos de blanco los cuatro y tu hermana mayor, también hija mía, monopolizando tus abrazos y tu atención, llegué a conocerme de memoria tus rasgos y tus gestos sin ni siquiera haberte visto jamás.

Últimamente todo se ha complicado un poco, Arizona. A lo mejor tenemos que retrasar unos años lo de llegar a conocernos, pero es curioso que sin ser real lo fueses todo y que aún sin tener forma, ya te quiera.

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