Pólvora mojada – @Candid_Albicans

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Que no, que ella no había venido a este mundo para ser segundo plato de nadie. Ella era el menú degustación de un restaurante de cinco tenedores. El que se te hace poco pero que una vez lo saboreas, hace que todo lo que hayas probado antes se convierta instantáneamente en ordinario. Y así, con esa convicción, se subió a sus tacones favoritos, se perfumó, y dibujó en sus labios una sonrisa color rojo fuego.

Caminaba altiva entre la multitud, con la cabeza erguida y la mirada arrogante. Se había maquillado los ojos con especial esmero. La raya negra, pulcramente delineada, resaltaba su mirada azul hielo y disimulaba unos párpados ligeramente hinchados por unas lágrimas que sin pedir permiso, habían brotado fruto de su ego magullado.

Era atractiva, orgullosa, y vengativa. Y escogió a su posible instrumento de venganza en un vagón del metro.

Él era moreno, de ojos verdes y complexión atlética, con un aspecto desaliñado que lo hacía tremendamente atractivo. En su brazo izquierdo lucía un tatuaje de calaveras y letras entremezcladas, y por su barba medio canosa intuía que le sacaría por lo menos unos diez años. En su mano una alianza. Eso no será impedimento, pensó. Lo miró directamente a los ojos, de una forma tan lasciva y solícita que él sintió la necesidad de apartar la mirada en un par de ocasiones; pero la atracción que ella ejercía era demasiado fuerte como para ignorarla. La deseaba de tal manera que podría habérsela follado allí mismo sin mediar palabra. Se sostuvieron la mirada el resto del trayecto. Ella, triunfante. Él, incrédulo.

Ella garabateó su nombre y número de teléfono en un trozo de papel y justo antes de bajar lo deslizó entre sus dedos, prolongando el contacto con su piel más de lo necesario y susurrando un sugestivo llámame.

Él se sintió tentado a llamarla en más de una y de dos ocasiones pero su conciencia, o quizás la fidelidad que una vez juró, se lo impedían.

Ella era un cóctel molotov. Él era pólvora mojada.

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