Pobre niña rica – @CarlosAymi

Carlos Aymí @CarlosAymi, krakens y sirenas, Perspectivas

Atenea, la capitana de la nave, estudiaba desde su puesto de mando el plano tridimensional del planeta Meca. Iban camino de la laberíntica red de bares, casas de apuestas y prostíbulos, que se encontraba en la región de Ur, y no estaba para prestar atención al pequeño cinturón de asteroides que atravesaban en ese momento. Penélope, la piloto sustituta de Helena, malograda en la última misión, había demostrado ser competente, y la nave Zeus había pasado revisión hacía una Luna Crepuscular. Por ese lado no debía preocuparse. El rescate sin embargo no estaba tan claro.

‒¿Saldrá todo bien? ‒Preguntó Penélope al sacar la nave del cinturón y entrar en la estratosfera del planeta Meca.

‒Por supuesto ‒Atenea no quería atemorizar a la joven piloto ‒Jesús no jugará con la cabeza de su hija.

La capitana en realidad no estaba tan segura; los hombres y la codicia solían ir de la mano. Así destruyeron la Tierra hacía ya diez siglos, desde entonces poco habían aprendido y Jesús, líder de una horda de cantamañanas corruptos, no era ejemplo de nada bueno. Pero las preocupaciones se quedarían con Atenea, no iba a compartirlas.

‒Dirígete al Sector Tres de Ur, a la pista de aterrizaje abandonada, cerca está la Catacumba Roja donde haremos el intercambio. Pronto seremos ricas.

Atenea envió la coordenada precisa a la pantalla de Penélope y luego tecleó en el ordenador central para comunicarse con la bodega de la nave.

‒Diana, tráete la presa, estamos llegando.

‒De acuerdo, mi capitana, pero le comunico que tenemos un ligero problemilla.

 

El ligero problemilla resultó ser que Fátima, la secuestrada, se había enamorado del modo de vida de sus secuestradoras y lo último que quería era volver junto a su padre.

‒Juro por la materia oscura ‒recalcó Diana tras explicar el problema a Atenea‒ que eso es lo que me ha dicho, dice estar enamorada de nosotras. La niñata estaba tan pesada con el tema que la amordacé.

‒¿Y la mejilla rojo sangre que luce? ‒Preguntó la capitana.

‒Eso también, reconozco que abofetearla fue la primera idea que tuve.

‒Quítale la mordaza ‒ordenó Atenea.

Diana cumplió la orden tras chascar los dientes y, mirar con odio a Fátima. La secuestrada en cuanto pudo hablar lo hizo:

‒Capitana Atenea, mi futura capitana, no volveré con mi padre. Podéis pegarme cuanto queráis, podéis encerrarme, pero al final me dejaréis ser una de las vuestras. Quiero ser como vosotras, ir donde me apetezca y cuando me apetezca, quiero poder elegir mi destino. Llevo dos meses en vuestra nave y, estando maniatada la mayor parte del tiempo, he sido más libre que en toda mi vida anterior. Mi padre me ha impuesto todo, en especial sus ideas, pero ahora que estoy fuera de su órbita he comprendido que no quiero ser su sucesora.

Atenea escuchó atenta. Zeus pronto aterrizaría en la pista abandonada. Tras mirar el descenso de la nave sobre el planeta yermo, frío y oscuro en su casi totalidad, tras un silencio que se hizo eterno, por fin dijo:

‒Pobre niña rica. Debes aprender que la otra orilla siempre brilla más verde. Sin embargo, no puedes pretender cruzarla sin pagar un precio muy alto. Nosotras hemos pagado ya ese precio, porque hace tiempo que no tenemos más opción que ser libres. Si la Liga de la Justicia nos pone sus manos encima será para cortarnos la cabeza. Hace menos de cuatro Lunas del planeta Tebas, apresaron a mi antigua piloto, y decapitarla es lo que hicieron. Es nuestro tiempo, y ojalá haya un futuro donde no sea así, donde ser libre no sea sinónimo de huir a todas horas y de todas partes. ¿Es esa la vida que quieres?

Fátima titubeó. Luego dijo que sí. Rogó que dieran la vuelta, prometió que ella les ayudaría a conseguir otros botines, que sabía cómo chantajear a muchos peces gordos de los planetas próximos, que su padre era demasiado astuto y peligroso. Quiso seguir hablando, pero no pudo. Un gesto de Atenea hacia Diana hizo que esta volviera a colocar la mordaza. Penélope no tardó en aterrizar la nave. Preguntó a la capitana por qué no valoraban un momento la propuesta de la joven. A ella no le sonaba descabellada.

Atenea preguntó entonces a Diana. Esta dijo que no quería renunciar a la recompensa, que no se fiaba de Jesús, pero tampoco de su hija, apuntó que habían llegado demasiado lejos como para echarse atrás en ese momento por una mocosa. Penélope contraargumentó señalando que tenía un mal pálpito, recordó varios actos de crueldad de Jesús, señaló que estaban en el planeta más traicionero a cien años de salto de luz. La capitana dijo que también tenía una mala corazonada, pero que eso lo sentía al final de todas las misiones.

‒El universo es un lugar indiferente y neutro que hemos llenado de crueldad, si algún día me rodea la bondad y la calma, será porque esté muerta. Vamos a hacer lo que hemos venido a hacer.

 

Tres clepsidras de lágrimas de San Lorenzo más tarde, Diana era también atravesada por las armas de los secuaces de Jesús. Atenea y Penélope ni siquiera habían podido presentar batalla, al ser sorprendidas, nada más bajar de la nave. Diana plantó cara y mató a cinco enemigos, pero finalmente cayó junto al cuerpo de su capitana.

Yo no sufrí un solo rasguño y mi padre no perdió un solo Quark de oro. Su plan había resultado perfecto, salvo que no pudo capturarlas vivas para hacerlas pagar adecuadamente mi secuestro. Y salvo que en realidad no recuperó su hija.

Acabo de robar la nave Zeus que mi padre tenía requisada en el hangar tres de la villa Paz Eterna. Llevo mucho tiempo preparando el golpe y no estoy sola, confío en mi tripulación, siempre hay locos dispuestos a cambiar las cosas. La pobre niña rica está dispuesta a cruzar a la otra orilla. Atenea tenía razón, el precio a pagar es muy alto, pero esta vez no titubearé un solo instante.

 

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