Platón y Kurt Cobain – @Ordinarylives

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El frío en los dedos mientras sujeta un vaso de whisky con hielo y mira con desdén al personal que concurre el local. Salir un sábado por la noche no es lo que era, ni siquiera la voz de Kurt Cobain que sale por los altavoces parece la misma, lo han castrado y lo han convertido en un icono de mierda al que pisotear de cualquier modo. Vergüenza de escuchar ese Rape me mientras la gente intenta bailarlo consumida en drogas y con la mirada perdida.

Siempre se van los mejores. O no. Se van los que se tienen que ir, sin ningún tipo de distinción. Por desgracia.

Niega con levedad antes de dar otro trago que le queme la garganta y pensar que Platón estaría avergonzado de ver en lo que nos hemos convertido, que ese mundo suyo para aproximarnos a las Ideas se ha esfumado y nos hemos quedado lejos, transformados de un modo u otro en polvo y huesos.

El mundo le parece una ratonera en la que van dejando trozos de queso envenenado y todos van cayendo, incluso se mira a sí mismo reflejado en las gafas del camarero y también siente lástima. Está sucumbiendo a un modo de vida que siempre ha querido evitar, al dejar de pensar, al salir para olvidar, al reír con desconocidos de cualquier cosa sin que le importe una mierda. Ha entrado en esa espiral de caos y destrucción que pronto lo llevará con los del Club de los 27 si no cambia algo.

Fumar, beber, dormir poco y fundirse la tarjeta de jueves a domingo sin pensar en nada más. Ser como el narrador de El Club de la Lucha y su  «copia de la copia de una copia», un fantasma habitando un cuerpo, y odiar el mundo con tanta fuerza que le duelan los nudillos. El insomnio, las ganas del sexo por el sexo, el olor a tabaco hasta en los calzoncillos. Vivir en modo grunge sin quererlo, sin ser capaz de salir de ese hábitat antinatural que provoca el insomnio y mezclar el café con la cerveza.

Mira de nuevo el whisky con hielo, todavía le duelen los dedos, sonríe y da el último trago antes de romper el vaso en la nuca del gigante que tiene al lado. Pelea para sentirse vivo, recibir su merecido. La sangre fluyendo desde su nariz hasta los labios le hace recuperar la conciencia, sentir dolor, saber quién es, que le den una lección para que se piense volver a pasar por aquel bar, para que al día siguiente el dolor de conciencia le sirva de antiinflamatorio.

El ser humano es estúpido por naturaleza y necesita que se lo recuerden cada cierto tiempo para estar alerta. El ser humano tropieza con la misma piedra varias veces y con muchas otras por no mirar bien, por no escuchar, por no querer evolucionar ni reflexionar, por no dejar los vicios y volver a las bibliotecas. Volver a mirar el Universo en lugar de nuestro ombligo, volver a contemplar las estrellas de tu mano en lugar de mirar a otras en las discotecas, volver a dormir sin que nada martillee tu inocencia fingida, volver a abrir las ventanas un domingo por la mañana y que todo vaya bien.

Ya no habrá más Mito de la caverna ni Smell like Teen Spirit.

No quiero saber de Platón y Kurt Cobain sin ti.

Nunca más.

Joder.

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