Peligro – @DonCorleoneLaws

DonCorleoneLaws @DonCorleoneLaws, krakens y sirenas, Perspectivas

Eres una chica afortunada y no lo sabes. Otro cualquiera no te hubiera facilitado posibilidad alguna de escape, pero como en el fondo tengo más de romántico que de depredador, no me queda más remedio que advertirte sobre tu inconsciencia. Eres una inconsciente, sí, y estás jugando con fuego alarmantemente.

Vives en un constante peligro y no te das cuenta.

Te deseo. Tú lo sabes y te ruborizas por ello. Te deseo de esa forma mía tan particular: tan animal y tan salvaje como el carnívoro que llevo dentro, y tan dulce y tan sensual como el caballero que he aprendido a ser.

Mis ojos te observan quirúrgicamente, descomponiendo tu cuerpo a nivel celular, diseccionando por planos cada centímetro de esa piel hermosa mientras imagino malévolamente lo que podría hacer con ella en cada pliegue, en cada recodo, en cada lunar y cada pelo. Soy como uno de esos ávidos piratas del siglo XVIII que iban reconociendo palmo a palmo cada surco de su nuevo territorio conquistado, buscando tesoros ocultos con el cuchillo entre los dientes y la pistola cargada de pólvora “por si acaso”.

Criatura: delante de mí no puedes salir desenfadadamente de la ducha envuelta en una simple toalla para comenzar a hidratarte las piernas. Si crees que por haber mantenido sexo tórrido antes de tu baño caliente ya estoy saciado, te equivocas.

Analizo tus finos dedos recorrer con ese untuoso aceite corporal las tersas dunas de piel de tus pantorrillas y estoy a décimas de segundo de tomarte en brazos, recostar tu pelo mojado sobre la almohada, abrir el sencillo nudo de la felpa blanca que envuelve tu cuerpo mientras te beso despacio, y arrebatarte el bote para perderme en el desierto de arena de tus poros buscando ese oasis que ya sé que existe. Te aseguro que cualquier parecido con la hidratación que tú te estás dando sería pura coincidencia. Aceite, tú y yo, imagina…

Te he lamido despacio cada dedo de los pies recreándome en tu exquisita pedicura; he mordido con delicadeza los lóbulos de tus orejas como si fueran tiernos manjares paradisíacos; te he succionado despacio los labios para hacer vacío con ellos mientras mi lengua los acariciaba; he besado tu cuello recorriendo ese valle de placer plagado de lunares imposibles; aspiré el aroma del nacimiento de tu pelo rozando mi nariz contra tu erizada nuca; me he abrazado a tu vientre como quien reconoce en él a ese cálido hogar que quiere habitar; llené de humedad tu ombligo para volver a llevármela después en la boca; he dejado marcados mis diez dedos en tus nalgas de tanto palmearlas y apretarlas con pasión; saqué punta a tus delicados pezones convirtiéndolos en dos finas lanzas de piel morena; he dibujado un “me vuelves loco” en tu hombro con el suave filo de mis colmillos; he bebido el néctar de la vida eterna de entre tus muslos prietos; he recorrido con mis dedos cada milímetro de tu rostro haciéndote despertar de tu letargo matinal hasta conseguir que sudara tu pecho de excitación; no ha quedado oquedad en ti que no haya tomado al asalto, y sales así de la ducha… eres una inconsciente.

A lo mejor piensas que me gustas de esa forma trivial que tiene ahora la gente de gustarse: de hoy para mañana y de mañana hasta que llegue otro. A lo mejor crees que cuando nos damos la mano al pasear es como si yo llevara la mascota a desahogarse en el parque, y no percibes que mis dedos acarician suavemente las yemas de los tuyos mientras los aferran. A lo mejor no te habían deseado realmente hasta ahora, e imaginas que esto es algo pasajero y circunstancial como lo fue con tantos otras veces, pero es que yo no soy un tipo corriente, no.

Cuando alguien me gusta, me gusta de verdad, y ha tenido que pasar tanto filtro de seguridad anti curioseo, tanta coraza anti balas y tanto descarte por idoneidad física y mental que si se presenta ante mí tan absolutamente irresistible como tú estás ahora mismo, lo menos que puede pasarle es que le cierre los ojos a besos y le haga perder el sentido del tiempo y del espacio durante un buen rato.

Sin embargo, esa mirada de reojo mientras yazgo desnudo a tu lado observándote, y esa leve y picarona sonrisa que ha asomado por la comisura derecha de tus mullidos labios ha disparado en mí la señal de alerta y me ha dado que pensar.

Está por ver si realmente eres tan inconsciente como parecías o, en realidad, el inconsciente soy yo. Podría estar convirtiéndome en el “cazador cazado” por esa dulzura de tus manos, esa insaciable voracidad de tu boca y esa fulgurante inocencia de tus ojos. A ver si resulta que eres tú la que me está poniendo a mí en “jaque mate”, mostrando justo lo que quieres venderme para que yo lo compre al instante. Mis ojos, mi tono de voz, mi boca y mi sexo, son muy evidentes al tenerte cerca. Estoy totalmente desprotegido por las ganas que tengo de ti.

Qué estratégica es la batalla del deseo cuando se hacen bien las cosas y hay complicidad, risas, inteligencia, naturalidad y buenos sentimientos de por medio.

Hay demasiados muertos enterrados junto a su confianza, pero te diré una cosa: ya sufrí durante mucho tiempo la angustia de ser despreciado y, desde entonces, el lema de mi vida es “Carpe Diem”. No hay “postureo”: simplemente es así.

Eres una mujer tan bella, tan emocionante, tan inteligente, tan atractiva, tan sensual, tan especial, tan femenina y tan sublime, que si realmente soy yo quien está en peligro, me da absolutamente igual. Si tengo que morir en algún lugar y en algún momento, que sea aquí y ahora mismo: a tu lado.

 

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