Paz y gloria – @martasebastian

Marta Sebastián @martasebastian, krakens y sirenas, Perspectivas

Dimito. Renuncio. Estoy cansada de golpearme una y mil veces con paredes de piedra. Estoy cansada de escuchar siempre el mismo discurso, las mismas frases falsas… Qué hermoso sería si no lo fueran… Si la gente no se llenara la boca de palabras vacías; cargadas, en el mejor de los casos, de ese estúpido instinto de querer quedar bien delante de todos o, en el peor de los casos, de una horrible intención de usar a la gente para su propio beneficio.

Me educaron para creer que la gente era buena, que no hiciera a los demás lo que no me gustaría que me hicieran a mi, que fuera con la verdad por delante, que nadie regala nada, que el trabajo duro daba sus recompensas y seríamos valorados por ello.

Me enseñaron a defender a mi familia y que la amistad era algo más que una simple palabra, algo más que irse de cañas y compartir un par de anécdotas divertidas. Que a la familia y a los amigos no se les traiciona, no se les utiliza, no se les da de lado al menor percance; me enseñaron a cumplir mis promesas y si temía no poder cumplirla, no hacerla y explicar mis razones.

Me enseñaron a trabajar en equipo y alegrarme por las victorias ajenas dejando ese odioso sentimiento de envidia que todos tenemos de lado. Me enseñaron a ayudar a las personas en todo lo que pueda, desde un pequeño detalle hasta enrolarme en la locura, maravillosa locura, de irme de voluntaria a Mozambique.

Me enseñaron tantas cosa que otros parecen no haber aprendido. Y no me considero mejor que nadie. Ni me creo única. Por suerte no lo soy. Sé que hay gente con esos grandes valores en el mundo; gente sincera, dulce y generosa. Gente que se merece que les traten así.

Del resto… Dimito. Estoy agotada, sin fuerzas, consumida por las lágrimas derramadas y por las mentiras recibidas que dañan el alma en lo más profundo. Dimito. No quiero entrar en juegos de envidias, de estúpidos intereses por llegar a lo más alto, de contemplar como se hacen malabares con los sentimientos ajenos y como se enarbola la bandera de la sinceridad para cortar la mano (si solo fuera la mano…) de quien realmente es sincero.

Dimito. Dar a los demás lo que me den a mí. No confiar en que la gente es buena. Quedarme con quien me lo ha demostrado. Y al resto. Fuera. Y aquí paz y mañana gloria.

Y no lean esto como una declaración de guerra, si no todo lo contrario. Me educaron para ser fiel a mis principios e intentar hacer del mundo un lugar mejor. Así que dimito. No me golpearé más la cabeza, no intentaré ver cosas buenas en quien sólo ofrece frases hechas, no ayudaré a quien tiene un cuchillo guardado en la otra mano esperando clavármela. No compito con nadie. Sólo conmigo misma. Paz y gloria. Me quedo con lo bueno. Aunque me duele, aunque oiga esa vocecita que me dice “dale otra oportunidad”. No. Se acabó. He dimitido.

 

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