Pasado perfecto – @JokersMayCry

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Me asomo a la ventana, los copos hace tiempo dejaron de derretirse en las aceras para empezar a cubrir la ciudad con un manto blanco. El cristal está frío y hay cierta belleza tranquilizadora en el silencio con el que el invierno pasa sus heladas manos por las calles y cubre de caricias la catedral. Mi pelo también es invierno nevado y mis manos ya no parecen tan jóvenes como hace algunos años, pero siguen tan suaves como siempre. Tu goma del pelo sigue en mi muñeca. En realidad, ya no es una goma, perdió su elasticidad a los pocos meses de llevarla puesta, tampoco es tan marrón y está bastante desgastada. Nunca me la he quitado, excepto para algún trabajo en el que temiera romperla, desde que me la pusiste sin soltarme la mano mientras llorabas y caminabas entre la rabia y la melancolía sin dejar de mirar hacia adelante antes de montar en aquel tren. Un suspiro se me escapa largo y lento empañando durante un instante el cristal, que me sigue devolviendo una imagen casi transparente de mí. Llevo un tatuaje a la altura del corazón que me recuerda lo que eres para mí. Me paso los dedos por él, repaso su dibujo y también las palabras que me dijo el tatuador: “Chico, un tatuaje es para siempre”. Yo le respondí “Y ella también”. Después cogí ese dibujo para usarlo como portada de otro libro que te dedicaría, como todos los demás que he escrito durante todo este tiempo, aunque siempre he sentido más orgullo de tus líneas que de las mías y, a pesar de habértelo dicho tantas veces, te seguías ruborizando como una niña pequeña.

Las cicatrices también son para siempre, pero las heridas ya han quedado atrás. No todo fue bonito siempre. Las sonrisas se emborronaron como un mal pintalabios mientras las lágrimas caían por dos miradas que contemplaban desde un mismo corazón. A veces, la distancia en los días malos era insoportable, la impotencia y la frustración arrasaban con las alas de nuestros sueños compartidos. A veces, el mundo parecía girar en nuestra contra mientras el destino jugaba a enredar más un desastre que a trenzar nuestros caminos. A veces, nos fallaron las fuerzas y perdimos el equilibrio para caer mientras nos elevábamos el tono de voz. A veces, todo pareció desvanecerse entre las nieblas del miedo y los charcos de la rendición.

Suena un burbujeo a mi espalda y de pronto todo tiene un aroma a café recién hecho. Vierto zumo de naranja sin pulpa en un vaso y, cuando voy a preparar las tostadas, entras desnuda en la cocina, con tu precioso pelo enredado y tu mirada brillando. Soy consciente de mi cara de corzo deslumbrado antes de ser atropellado porque me sigues pareciendo la chica más hermosa del mundo. Te acercas, me abrazas, me besas y nos susurramos “Buenos días”.

—Amor, ¿esta erección matutina forma parte del desayuno? —Me dices sonriendo con un hilo de voz.

Nos reímos antes de otro beso y pienso que da igual todo lo que me haya dolido la vida en algunos momentos, que si he logrado acabar junto a ti, he tenido un pasado perfecto, porque es el que me ha conducido al presente con el que siempre he soñado.

 

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