Pasado perfecto – @dtrejoz

dtrejoz @dtrejoz, krakens y sirenas, Perspectivas

“También hacia el pasado existe un infinito”

 

Hay que vivir el presente, se sabe, porque el pasado ya pasó y el futuro todavía no existe, por una parte hay mucha razón en ello. Por otra parte yo digo que uno no debe dejarlo todo en las manos del destino, cada quien puede forjarse un futuro, al menos tener una noción de lo que quiere tener al llegar allá, de los tesoros con los que quiere contar, o al menos no encontrarse en el futuro con las manos vacías.

Y ni siquiera estoy hablando de dinero, pero también podría.

Claro está, nadie sabe el día de su muerte, nadie sabe cuál sea el punto del camino donde Diosito le ha marcado la rayita para llevárselo a su reino, pero tampoco se puede vivir la vida con una mentalidad de perdedor, no se puede ir por ahí dejando de hacer lo que es posible solo por creer que mañana mismo se podría acabar el mundo, o que en cualquier momento me podría encontrar la muerte, no se vale. Uno tiene que vivir como si jamás se va a morir, como si el universo jamás va a acabarse, al límite de todo, pero sin fuerzas para rendirse.

El asunto es que no puede evitarse lo de envejecer, claro está, y seguramente uno de los puntos fuertes que tienen los viejitos son sus recuerdos, lo vivido, lo llorado, lo sufrido… lo vencido.

Ciertamente me resulta difícil imaginar la hora de mi muerte, ni siquiera tolero soportar la idea de que un día mis padres podrían morir y será una perdida que no podré llenar con nadie en la vida. Incluso me cuesta imaginarme viejito, no quiero envejecer, me causa desesperación y desconsuelo imaginarme sentado en una mecedora en el corredor, viendo pasar las horas, los veranos y las lluvias, sin ninguna posibilidad de sentir la tierra bajo mis pies, o la lluvia sobre mi piel.

Pero esa hora llegará, nadie se escapa del tiempo, el rige y gobierna, avanza inexorablemente y doblega los cuerpos, derrota el espíritu de los hombres más aguerridos y acaba con la fuerza de las voluntades.

Pero a pesar de todo ello quiero tener este recuerdo. No importa lo que suceda con mis brazos y mis piernas, no importa lo que suceda con mi piel, no importa que la nieve cubra mis cabellos y el otoño se acomode en mi mirada, solo le pido a Dios que no permita que yo pierda mis recuerdos. Porque en eso estaba cuando empecé este ensayo, de eso les hablaba al empezar, estoy haciendo todo lo mejor que puedo con mi presente porque ese es el pasado que voy a recordar en mi futuro, esa será mi huella y mi legado, eso será lo que me quede cuando todo se haya marchado.

Quiero verme así, levemente encorvado por el peso de tantos sueños hechos realidad sobre mis hombros, quiero recordar las mañanitas y las noches con Rebeca, los besitos suavecitos a media luna y con poca ropa, los paseos por las plazas sin soltarnos de las manos, las tardes que solo nos sentábamos a mirarnos y a sonreír como dos niños, enamorados. Jamás quiero olvidarme de mis canciones, aunque llegue el día en que ya mis dedos no pueden sujetar el diapasón y sacar una melodía de mi guitarra, por nada del mundo quiero olvidarme de mis canciones, cada letra y cada melodía llevan una parte de mi alma como cualidad, son creaciones únicas e irrepetibles, tienen mi esencia y mi sentir de forma inherente.

Hasta se asusta uno cuando intenta recordar todo lo que no quiere olvidar, porque siempre algo se nos olvida.

El mañana llegará disfrazado de tiempo que se ha ido, y cuando llegue a buscarme quiero fingir que lo esperaba.

Ojalá no se me olvide el sabor del café con lluvia y la mirada perdida en la ventana. Ojalá no se me olviden mis amigos, las noches de universidad después del trabajo y los ratos de “tuiter”, ojalá no se me borre de la memoria las buenas personas que he conocido en las redes sociales aunque les deba un abrazo de por vida, ojalá se queden conmigo hasta el final. No quiero olvidar paisajes, ni el olor de los geranios, ni el fútbol en los recreos de la escuela, ni el recuerdo de mis niñas al crecer. No quiero olvidarme de mi vida, no quiero perderme lo bonito que el señor me ha regalado. Que no me traicione la memoria, que no me deje sin recuerdos.

Y por nada del mundo quiero olvidar a mi bebé. Cada gesto de su carita, el estallido de júbilo que le envuelve la sonrisa cuando me ve llegar, cuando oye mi voz y me busca en el vacío, gira su cabecita de un lado a otro buscando el rostro de su papá, el hombre que lo arrulla desde el vientre, la voz que lo ama desde que solo era un corazón. Jamás quiero olvidarme de esos latidos que escuché en cada ultrasonido, cada latido un disparo directo a mis sentidos, desde ahí lo amé. No quiero olvidar ningún detalle, desde cada día del embarazo, cuando se movía en el vientre de su madre y yo besaba sus pataditas, bendito vientre, bendita mujer, ya la amaba antes de eso. Voy a verlo crecer y voy a disfrutar cada segundo que mi Dios me permita vivir para hacerlo, porque quiero llegar a viejo con mucho que reír, con un pasado perfecto y llenito de emociones, quiero ser un hombre vivo hasta que llegue el día de mi muerte, no quiero llegar ahí coleccionando sueños por cumplir.

Y oír llover como preámbulo de lluvia, como metiendo la llave en la cerradura de la puerta donde escondimos el pasado. – Y solo es lluvia”

 

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