Pájaros en mano – @Mous_Tache

Mous_Tache @Mous_Tache, krakens y sirenas, Perspectivas

Soy los pájaros, los que vuelan. Soy los sueños y siéndolo, lo eres tú.

Las olas rompen sobre una de las paredes verticales que enmarcan la pequeña cala en la que me encuentro contemplando cómo termina el día y el mar en el horizonte que ahora se tiñe de tonos anaranjados.

Soy los sueños, los tuyos.

Incansable, terco e idealista, aunque cada año parecías más cansado.

Hubo un momento, al terminar mis estudios, en el que me sentí traicionado por ti. Me dijiste que aceptase el trabajo, que más valía pájaro en mano que ciento volando, que renunciase a mis sueños y me dedicase a tener una vida cómoda de economista encerrado en una oficina diez horas al día, cinco días a la semana, cuatro semanas al mes, once meses al año, un mes de vacaciones y vuelta a empezar. Y un ciclo menos para todo.

Todo lo contrario a ti, que jamás tuviste horas en el día para descansar. Nunca hubo diferencia entre un martes y un domingo. Sólo te conocí luchando por sacar adelante a tus tres hijos y obcecado en que llegásemos a la universidad. Y llegamos. Los tres.

Nadie te regaló nada. Empezaste a trabajar a los dieciséis, desde lo más bajo, escalando en tu empresa hasta terminar siendo directivo de la misma, puesto que abandonaste por establecerte como mecánico en el pequeño pueblo donde nos criaste a mis hermanos y a mí. Por un sueño, por ser dueño de tu destino. Por volver a sentirte en contacto con el campo que tanto te recordaba a tu niñez. Por tener tu huerta, la que duplicaba tu jornada y que no compensaba desde ningún punto de vista de esfuerzo-beneficio, excepto por la satisfacción de que pudiésemos comer aquellos tomates que no podían encontrarse en ninguna tienda. Por sentirte libre.

Al lado de esas tomateras, que crecían enredándose en la estructura de cañas que habías preparado metódicamente, te encontraron inerte.

Han encendido una fogata en la arena y la poca gente que queda en la playa comienza a arremolinarse en torno a ella. Se oyen risas, alguien comienza a tocar un timbal….

Continúo tu sueño, papá. No me vale el pájaro en mano. No puedo renunciar a la forma de afrontar la vida que me inculcaste y que aceptando tu consejo, dí la espalda.

He renunciado a mi trabajo. He vendido todo lo material. Gracias a tu esfuerzo, parto desde mejor posición de la que partiste tú. El camino es incierto pero no tengo miedo, me acompañan tus recuerdos. He abierto mi mano y he dejado libre al pájaro. He abierto mi mano y me siento libre yo.

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