Otra ronda – @JokersMayCry

JokersMayCry @JokersMayCry, krakens y sirenas, Perspectivas

Tal vez no soportase el segundero del reloj de pared, la sincronización del goteo del grifo con él, la lluvia picando en los cristales, los fantasmas de los recuerdos resucitando entre las grietas de las paredes gritándome con la boca negra del pasado, la musa ahorcada proyectando su sombra de péndulo sobre el folio arrugado que cruje entre mis manos ensangrentadas de tinta, los muelles de la cama que chirrían de soledad… El mundo hace demasiado ruido aquí dentro, en el rincón del fracaso y, aunque baje las persianas, la realidad me acecha ahí fuera. Es entonces cuando me siento arrinconado aquí dentro, dentro de mí, y para compensar la agorafobia que un día fue diagnosticada en un despacho entre preguntas y recetas de Ketazolam, Trozadona y Loracepam salgo a respirar la noche, a esnifar su tóxica niebla, a pisar los charcos sobre los que el cielo escupe, a doblar esquinas y desplegar demonios que doblegan ciudades-vertederodealmasnegras.
Entré en el Betty Boop algo más que empapado. Entré derrotado, con el fracaso que me había calado a través de cada herida, con el frío que se había colado por las rendijas de cada sonrisa falsa, con el alma arrugada y el corazón tiritando. Entré arrastrándome con el ancla de mi pesada vida, con el paso firme que se da antes de tropezar, con la aerodinámica que concede galopar a lomos del pecado, con la inercia que acelera envenenadamente la velocidad del error. Entré como sólo yo sabía hacerlo en el Infierno: de cabeza, para conservar el culo.
Morris está poniéndole un Bacardí naranja al Negro; otro, con Sprite a la Puta y un Absolut con limón para él. Posa otro vaso mirándome.
—Joker, ¿Whitelabel con Trina de manzana?
El Negro me saluda con una sonrisa mientras hace bailar en un papel a la primavera marchita con tabaco. Sus dedos largos moviéndose hipnotizan, son hadas tejiendo sueños bajo la luz amarillenta llena de cagadas de moscas que no puede con la niebla del humo que levita pesadamente en el sucio corazón roto del Betty Boop. Sé que va pasado porque tiene los ojos rojos, y ese derrame de venas es el único buen amanecer que conoce el Negro.
La Puta me da la bienvenida levantando la barbilla para volver a fijar su mirada verde marihuana en la copa que le está poniendo Morris. Nunca la he visto levantar la mano para decir que “vale, ya es suficiente Bacardi”. Sólo mira cómo chorrea el alcohol sobre el hielo, es como contemplar pasivamente cómo golpean los sentimientos en un gélido corazón que se desgasta. Tampoco ha dicho nunca “echa más”. Sólo está en su mano beber deprisa para que los cubitos sobrevivan a su boca o despacio, para torturar el hielo y se derrita esperando tocar sus labios.
Acabo de llegar a la barra, acabo de tocar fondo y, a la mierda, voy a cavar porque no hay tumba suficiente profunda. Morris sigue esperando mi respuesta con sus ojos color gris mar invernal bajo un cielo nublado estremecido por cada gota de lluvia. Y le contesto:
—Pon sirenas varadas cantando su réquiem en la arena de la tragedia que se amontona en la orilla de esta barra. Quiero morir intentando averiguar si dentro de ellas hay huesos o espinas antes de que limpies sus lágrimas con tu desgastado trapo. Ponme un milagro que haga ponerse de rodillas a un dios que se la lleva chupando a Lucifer desde el principio de los tiempos. Ponme una luz al final de la copa que no sea un rayo que me parta en dos, un motivo por el que levantarme mañana, una razón que justifique el delirio…. Ponme un orgasmo que viva más que el dolor.
Me pone un Whitelabel con Trina de manzana porque no le queda ninguna de esas gilipolleces. El Negro quiere invitar.
—¿Cuánto debes, cabrón?—Le pregunto.
—8.000—me responde.
—Pues a esta ronda invito yo. Deja de meterte más de lo que te entra en los bolsillos.
La Puta ríe; el Negro se ha enfadado: “¡Te rajo, hijo de puta!” me ha gritado poniéndose de pie. Se ha ido dando un portazo cuando le he tirado 500 pavos delante de sus maltratadas narices.
—Morris, pon otra ronda—le digo.
La Puta se prende un cigarro y nos ofrece a Morris y a mí.
—¿Desde cuándo eres rico?—Me pregunta la Puta.
—Me queda sólo para invitaros a otra ronda y hacerte feliz follándote.
Ella sonríe, Morris sirve unos chupitos de tequila con sal y limón mientras levanta el vaso y dice:
—Joker, que le den por culo al Negro.
Bebimos el tequila con ese brindis.
—Pon otros tres—le digo.
Morris junta los vasos, echa tequila sin pausa, se derrama algo de la botella por la barra. Es como el amor, hay que ir de uno en uno si no quieres ensuciar. Cogemos nuestros vasos y Morris levanta el suyo:
-¡Por el Betty Boop!
-¡Por el Betty Boop!
Y chocamos los vasos, y las miradas, porque en un brindis hay que chocar también la mirada de quienes tocan tu vaso. Morris llena otros tres chupitos y le dice a la Puta que diga su brindis. Ella levanta el vaso y nos mira por un par de segundos:
-¡Por nosotros!
Repetimos, chocamos el cristal. Otra ronda, mi turno. Ni puta idea de por qué brindar.
-Venga, Joker—me apuran—.
—Venga, por favor…
-¡Por favor!
Nos reímos. La Puta apoya su peso sobre mí, poniendo su frente sobre mi hombro.
—Pon unas copas, Morris.
No sé por qué le he pasado la mano por la cintura a la Puta, ni cuánto hemos bebido ya, ni qué hora es, por qué la he llamado por tu nombre, por qué se enfada si es una furcia… Y la Puta sale de mi habitación dando un portazo y otro cuando sale de casa. Se supone que debería haber un profundo silencio, pero vuelvo a escuchar el reloj, el goteo del grifo, tu recuerdo gritando… Está amaneciendo y comienza una nueva ronda de 24 horas en la que Morris estará más cerca de cerrar el Betty Boop por falta de clientes, en la que el Negro ahora debe 8.200, la Puta se estará limpiando el coño para el sexo sucio y yo… yo no sé distinguir una ronda de un bucle. Otra ronda, yo pago los errores.

Visita el perfil de @JokersMayCry