Oportunidad perdida – @alosqueladran

Javier Esteban @alosqueladran, krakens y sirenas, Perspectivas

Las películas de zombis nunca van de zombis. Ponte en el lugar de un guionista: ¿qué puedes rascar de ahí? Los muertos se levantan de sus tumbas y se comen a los vivos. No se puede exprimir mucho. Se pueden hacer más rápidos, más lentos, más feroces, mas violentos, aunque con el típico cadáver que avanza a pesar del rigor mortis y de la putrefacción de los tendones y los músculos nos vale. Porque uno solo no es gran cosa de mucho pero ponle mil millones avanzando sin otro objetivo que la devoración, es imparable.

En cualquier caso, las películas de zombis no se pierden mucho en explicarnos los orígenes. Es algo que el espectador no pide, sólo le interesan las consecuencias. Todo el mundo sabe, por mucho que cada día las webs de divulgación científica se sumen a la fiesta con titulares apocalípticos, que ningún virus, bacteria, hongo puede hacernos esto. Ni siquiera el primer paso, extinguirnos. No hablo de los medicamentos modernos, es que cuando no había y las condiciones sanitarias eran peores en las primitivas megapolis de los imperios de los últimos, pongamos, dos milenios, no nos masacró epidemia alguna.

Así que hoy día, aunque ocurriera lo impensable y renunciáramos a la bioquímica para abrazar la homeopatía, no nos destruiría ningún virus. Quiero decir como especie: seguramente morirías tú y todos los demás urbanitas comodones que me están leyendo. Yo también, es lo que hay. Pero el ser humano subsistiría. Es una cosa dura y cabrona que se ríe de las ratas y las cucarachas, pero lo ha olvidado un poco.

Aunque hay cosas que pueden matarlo. Claro. La radiación atómica, sin ir más lejos. ¿Recordáis Chernobyl? En el mundo hay miles de Chernobyles esperando su momento para brillar (literalmente). Cuando los zombis arrasen y los supervivientes no tengan tiempo de preocuparse de algo tan prosaico como el mantenimiento y la refrigeración de los reactores, las reacciones en cadena devorarán todo con mayor ferocidad que las cariadas dentaduras de los muertos. Es algo que la épica nunca prevé…

O quizá sí, quizá hay un plan de contingencia y las centrales nucleares están tan preparadas que se convierten en el germen de la nueva civilización, grandes ciudades estado entre los páramos de los monstruos, como Adanes y Evas expulsados del paraíso y acosados por las legiones demoníacas de Lilith…

Sí, estoy mezclando mitos. Lo sé. Es lo que hago, mi cerebro es un terrario en el que todos, la televisión, los cómics, videojuegos, las novelas plantaron su semilla. Ni siquiera sé si esto es original, no he leído todas las historias sobre zombis.

Pero en pocas hay un héroe, alguien que dé con la clave que salve al mundo. Como mucho alguien que salva su ego descubriendo que su mierda de vida es pretérito y ahora se le da de fábula abrir cráneos. He leído más de un manga con esa premisa. En las películas americanas esos tipos son los penúltimos o antepenúltimos en morir. Depende de lo gilipollas que se vuelvan.

Se llama justicia poética o moraleja del resentimiento.

Un apocalipsis zombi debe ser total e irreversible. Que acabe con todas y cada una de las esperanzas. Que nos eche a la cara las oportunidades perdidas igual que los muertos nos echan en cara su aliento y sus uniformes, sus camisetas, su ropa, sus rutinas inútiles de las que sólo les extrae la cercanía de un latido.

Como en la segunda película de zombis de Romero, la del centro comercial. «Por qué siguen viniendo aquí?» pregunta uno de los personajes parapetados en su interior. Le responde otro: «Quizá este fue un lugar importante en sus vidas.»

De eso van las películas de zombis. Por supuesto. De lo que es importante en nuestras vidas.

 

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