Oportunidad perdida – @tearsinrain_

Tearsinrain @tearsinrain_, krakens y sirenas, Perspectivas

Es curioso, nunca pensé que tuviera esta forma. Ni este tacto. No huele a nada, tampoco. Es como no tenerla, de alguna manera, un tangible intangible. Ejerce una atracción preocupante sobre mí, no puedo dejar de mirarla, como si quisiera encontrar en ella algo que le diera explicación a todo. No sabría definir si es bonita o no, está demasiado condicionada esta apreciación, esta valoración, al hecho de que no puedo separarla de su potencial, es decir, no puedo quitarme de la cabeza como habría sido si, en lugar de ser una oportunidad perdida, fuera una oportunidad aprovechada o, para ser estrictos con su antónimo: encontrada. No, no funciona así, puesto que la encontré, pero no supe usarla y la perdí, esto es, la desaproveché. Sí, me estoy repitiendo, mis pensamientos se reiteran. También lo hacen las oportunidades perdidas. Todas parten de algo que las diferencia al inicio, luego se vuelven iguales. ¡He visto tantas! Creo que mi actitud tiene algo de masoquismo. No puede ser que disfrute aquí plantado, mirando a esto encima de mi mesa, como flotando, como inerte a la vez que latente.

Voy a ser claro, he de enfocarlo todo desde un ángulo distinto o acabaré abducido por mi propia absurdidad. Lo que tengo delante, encima de mi mesa como he dicho antes, es una oportunidad con la forma que adquiere una vez la he perdido. Ya he dicho que en realidad es como no tener nada, pues cada vez que acerco la mano o la traspaso o se desvanece o se escurre. Igual la miro tan fijamente, aparte de por la adicción que me crea, la fascinación masoquista que me atrae, porque estoy obsesionado en describirla. Quizá sea eso. Pero no puedo y me frustra pues describir es uno de mis talentos (talento que me otorgo yo solo). Esta tiene algo, me parece vislumbrar, que no tenían las demás, hay un brillo interior y un halo exterior y un pálpito escondido que la hacen diferente. Las otras, en realidad, todas las oportunidades perdidas que he ido acumulando en la vida, finalmente adquieren un tono grisáceo y mortecino, se apagan, mueren. Sí, mueren. Esta no. Sigue siendo, como concepto físico, prácticamente igual a las demás, así como una esfera mal hecha, una pelota deshinchada, un globo a punto de ser barrido al final de una fiesta infantil demasiado larga. Tiene un color azul pálido mirada a contraluz y, es un fenómeno seductor, un azul opaco mirado al revés. Y digo azul aunque podría ser otro color ya que tienen tonalidades de muchos matices. Parece viva. Las otras también lo parecían justo después de ser infructuosas. A mí no me engaña, no lo está. Ahora me doy cuenta. ¡Ja! La he pillado.

Me recuesto sobre la butaca donde estoy sentado, brazos cruzados sobre la nuca, sonrisa de superioridad: te he visto el plumero, oportunidad perdida. Lo que pretendes así, con tu centelleo moribundo, es hacerme creer que todavía puedo salvarte, quieres que vuelva a intentarlo y así mi derrota será doble, ¿verdad? Pues no podrás conmigo, que lo sepas, ya eres una ganga pasada, una ocasión extraviada, no volveré a perder energías ni esfuerzos contigo, con una humillación tengo más que suficiente. No, no me mires con esa carita de pena, ni siquiera tienes cara ¿qué pretendes? Espera, estás hablando. Imposible, ninguna de tus predecesoras lo ha hecho. Estoy alucinando, mirarla tanto me está volviendo majara. Haré con ella lo mismo que con las anteriores, la intimidaré hasta que se vea obligada a retroceder, la acosaré hasta la pared donde está la caja fuerte y una vez allí: zas, la encerraré con las demás. Esta tiene pinta de ser algo más lista y más fuerte que las previas, requerirá del uso de mi astucia y sagacidad, suponiendo, claro, que tenga yo de eso.

¡Un momento! No, no es posible. Y si lo he enfocado todo mal. ¿Seré tan idiota, tan tonto, tan zoquete? Me invade el temor de pensar si puedo haber estado tan ciego, si la razón por la que esta oportunidad perdida es diferente es porque quizá es la última. Oh, qué pensamiento tan atroz, que verdad revelada tan aterradora (me levanto de la butaca, dramatizo un poco, escena shakespeariana). ¿Eres tú la definitiva? Sí, sí, lo eres. Por eso no te mueres, no te marchitas, no te apagas y resistes. Tengo que volver a intentarte, eso es, tengo que tomarte entre mis manos y… y… ¿Y qué? No sé cómo hacerlo. Me confieso ignorante e incapaz. Lo que no comprendo, entonces, es por qué sigues aquí, por qué insistes en seguir latiendo, ¿no ves que no te merezco? Cuando alguien como yo ha perdido tantas antes debería de ser considerado, como me considero yo, un ser abyecto y vil, despreciable, ruin y miserable que no ha de tener el privilegio de otra más, de una última oportunidad. Sin embargo resistes. Igual no estás perdida del todo. ¡Desfibrilador! ¿Dónde hay un médico cuando se le necesita? No, claro, yo soy el médico, yo soy el desfibrilador, solo yo puedo salvarte, pequeña. Pero no puedo retroceder en el tiempo, no puedo volver al momento en que te perdí. Busca las causas, memo. A ver, hagamos memoria: tú estabas allí, apareciste de repente o con premeditación, una casualidad o un azar amañado y yo te vi pasar, te miré, te analicé, te sospesé en mi balanza rota o sin pilas y, al igual que he hecho tantas otras veces, te desestimé. ¿Qué fue esta vez? ¿La pereza o el miedo? Sí, siempre son ellos dos, esta parejita que se va turnando para, ahora tú, ahora yo, despreciaros. Luego llaman a su amiga la conciencia o a su amiguito el conformismo y así estos les limpian la sangre derramada, tú sangre, vuestra sangre.

Y a partir de entonces, a partir del momento en que dejaste de ser un futuro posible para ser un pasado imposible, viniste conmigo, quedándote ahí, medio en la sombra, presente a la vez que escondida, para siempre. ¿Eso es lo que hacéis tú y tus colegas, verdad? Cada vez que una de vosotras es desechada, pasa a vivir conmigo, un aviso de que la próxima vez no suceda lo mismo. ¡Oh, necio, arrogante, encopetado y torpe de mí! No desesperes, pequeña, sé que lo lograré, lo lograremos, en ésta va la vencida, eres la última y quizá lo hago precisamente por eso, en la desesperación de no acabar desesperado, pero ven, ven conmigo, ahora soy yo quien te acompaña y no al revés. Deshagamos este cataclismo, encontraré la manera de que dejes de estar perdida y así, quizá, solo quizá, yo también deje de estarlo.

 

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