Oportunidad perdida – @Macon_InMotion

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Una melena de color rosa vuela entre una marabunta de botellas, copas y cervezas. Todos la miran pero a ella no la importa. Ella parece bailar detrás de la barra, tan armónicos son sus movimientos esquivando a los borrachos y pesados de turno. Tiene los ojos clavados en la puerta, espera a que llegue su jefa. Ascenso o despido. La ecuación es clara.

Al otro lado del bar, en una pantalla con el sonido al mínimo, un balón corre sin dueño a lo largo de la banda. Varios jugadores corren hacia él. La victoria está en juego. El público grita enfervorecido al ver que ninguno llega con claridad al esférico. Se suceden las patadas y los empujones. Finalmente un talentoso jugador con el número 10 cosido en la parte posterior de la camiseta consigue controlar el balón. Lo pisa y levanta la cabeza mirando al frente.

Ajenos a la pantalla, una pareja baila al ritmo de la música. Ella, sintiendo cada decibelio. Él, asegurando cada movimiento como si fuese el mismísimo Neil Armstrong saliendo del Apolo 11. Por mucho que lo piensa, no consigue saber qué ha visto en él. Y ahí están. Bailando. Quemando el alcohol que ambos llevan en el cuerpo.

 

La melena rosa ve por fin entrar a la dueña del garito. Su mirada se centra en ella. La ve bajar las escaleras mientras sirve una ginebra a un bulto cualquiera.

El delantero regatea a dos rivales y avanza metros. Pasa el centro del campo y en su cabeza lee la jugada a toda velocidad mientras avanza.

«Esta es de mis canciones favoritas» dice la chica acercándose aún más al chico, que sigue sin reunir el valor para darse por enterado. Solo sonríe.

 

La ginebra se está mezclando con la tónica. La camarera se aparta el pelo rosa de la cara y mecánicamente le reclama al cliente el precio de la consumición sin si quiera mirarle.

El público jalea enloquecido al chaval de veintitantos años con el diez a la espalda que autoasume la responsabilidad de hacer feliz a todo un país.

Sumido en un mar de dudas el chico decide dar un paso adelante y posa su mano sobre la cadera de su amiga, para acompasarse con ella y con el ritmo de la música. Se miente a si mismo. Se moría por tocarla.

 

La dueña del bar se acerca a la barra sabiendo que se va a encontrar a su camarera estrella con cara de pocos amigos.

El defensa central espera preparado para el embite al delantero del equipo rival. Nada le amedrentará.

La chica se adorna, sabiéndose duela y señora de la situación. Lo desea tanto como él, pero quiere que sea él el que tome la iniciativa.

 

La camarera ve con estupefacción como su jefa finge una llamada de teléfono.

El delantero está dispuesto a disparar a portería.

El corazón del chico parece salírsele del pecho por momentos.

 

Estrella un vaso contra el suelo.

El defensa se abalanza sobre él.

Aparecen unas amigas de su cita.

 

Maldice a su jefa.

Cae sobre el césped.

Se retrae sobre su timidez.

 

Enfado.

Rabia.

Autocompasión.

 

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