Ojos tristes – @_soloB

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Recuerdo sus ojos tristes. Como para olvidarlos…. Grandes, rasgados, verde esmeralda, tres capas de rimmel corrido en sus ojeras. Estaba sentada en la barra de aquel bar, mirando al infinito. Bebiendo una 1926 a morro que le daba un toque sexy. Con sus largas piernas enfundadas en aquellos vaqueros rotos. No pude evitar acercarme a ella con sigilo para oler su pelo, su perfume, y preguntarle entre otras cosas por qué esas lágrimas tan tristes en esa cara tan angelical.

Han pasado unos cuantos otoños y cientos de días lluviosos. La vida continúa. Ella sigue en pie. Viva. Y con el brillo recuperado en sus ojos.

— Doctor, yo no quiero estar triste. Me pesa la vida.

Con esa frase contundente entró a mi consulta. Rogando con su mirada auxilio. Temblándole los labios al pronunciar aquellas palabras. Ahora es otra. Ahora sonríe. Y tiene la sonrisa más bonita que dan ganas de cuidar aunque ella no lo pida.

— Emma, ¿cuántas veces te has ido para no marcharte de nuevo?

— He perdido la cuenta, doctor. No me quiero lo suficiente y le busco porque es el único que me ha amado. Y creo que con su amor, yo me quiero. Lo sé, estoy equivocada. Estoy presa en una jaula que yo misma he elegido. Pero ¿cómo vuelo si se ha llevado mis alas?.

Efectivamente, Emma estaba equivocada. Tardó en ser otra 369 días con sus respectivas noches. Yo solo le ayudé a abrir los ojos. A tender mi mano cuando estaba perdida. A quitarse la coraza sin apenas darse cuenta. Empezó cerrando puertas y ventanas. Dejó de meterse en laberintos sin salida, a no pisar el acelerador cuando estaba a punto de estrellarse. A unir todas y cada una de sus fisuras con su amor propio. A no regodearse en su dolor. A irse de quienes decían quererla y no lo demostraban. Y le crecieron unas alas preciosas. Cada mañana se miraba en el espejo y se le dibujaba una sonrisa de “me quiero”. El infierno se ha acabado. Ahora ella es verano. Es luz. Es calor. Es el abrazo en el que me duermo cada noche. Ella es lo mejor que me ha pasado cuando menos lo imaginábamos los dos.

 

Hoy hemos ido a aquel bar en el que nos vimos por primera vez. Justo la noche antes de acudir a mi consulta. Ya no tiene miedo a los sitios en los que estuvo triste. Ya no llora por él. Ya no se le enreda el pelo en los recuerdos que la destruían. Ya se quiere. Ya es libre. Ya vuela. Y me ha elegido a mí.

 

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