Notas discordantes – @soloparatuitear

Zarathustra Callao @soloparatuitear, krakens y sirenas, Perspectivas

Soy Diego, intenté cambiar mi vida hace 10 años casándome y teniendo dos hijos. Pero después de esta experiencia frustrante, he vuelto a ser quien soy pero con el disfraz de casado. De esto me he dado cuenta antes de ayer, cuando por casualidad Laura apareció en el centro comercial al que habíamos ido Daniela, los niños y yo. Al verlas juntas sin saber nada cada una de la otra, vi mi vida dividida entre lo que no deseo pero quiero y lo que deseo y me obligo a no querer.

Diez años en los que me he ido adentrando en un túnel cada vez más angosto y oscuro, donde la claustrofobia ha estado amortiguando mis instintos hasta que apareció Laura y todas mis ganas se han desatado. Es preciosa, inteligente, irradia ilusión, sensible y tiene un morbo espectacular. Cada caricia es el acorde de una melodía que pensé que jamás volvería a sonar. Los besos son los primeros siempre. Cada mordisco es la misma lujuria queriendo fundirnos, cada polvo es desaparecer de mi vida enterrado en sexo.

La putada es que todo esto es un cuento, en el que no hay culpa ni celos, ni miedo, ni sueños. Uno que no puede acabar porque al hacerlo, todo se haría realidad. La necesidad de elegir, el daño, el rumbo tan diferente que tomaría este barco en el que no sé cómo coño hay tanta gente.

Mi relación con Daniela ha ido transformándose de grito a silencio. Lo nuestro era como esa canción que no puedes dejar de ponerte a todas horas, casi con ansiedad, que le pasas a todos tus colegas, que cantas solo en la ducha, con la que subes el volumen en el coche. Que terminas aborreciendo. No teníamos nada en común pero encajábamos siempre. Construíamos sueños sin separar los pies del suelo. Nos hemos acompañado, querido y follado. Nos hemos agotado. Nos sabemos la canción de memoria pero ya no sonamos. Tenemos tanto creado, nos daríamos enteros por ello, pero somos tan distintos que cada muestra de cariño se nos hace cuesta arriba.

Daniela es la mujer más elegante que jamás hayáis visto. Atractiva, madura, fuerte, segura. Nada que ahora mismo me llame la atención. Por desgaste, por rutina, por lo que mata la vida, por costumbre. Me levanto por la mañana y el cosquilleo de las putas mariposas me viene al acordarme de la última noche en el hotel con Laura. Con Daniela, el pinchazo de las obligaciones.

Y aquí estoy, cobarde, niñato, sin atreverme a preguntar, simplemente viviendo a escondidas. Sabiendo que este cuento tiene un final y no queriendo oírlo. Pero no tiene que ser así, a la mierda el estribillo.

 

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