Notas discordantes – @_soloB

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Me llamo Laura. Acabo de cumplir 30 años. Llevo 6 meses y 15 días follándome al hombre más maravilloso que he conocido nunca. Tiene un pequeño defecto, está casado y tiene 2 hijos. Pero sé que no es feliz con la vida que lleva, y me ha prometido que dejará a Daniela.

No sé si soy la tercera en discordia o la primera, porque me hace sentir como si ella no existiera. Cuando estamos juntos el tiempo se detiene, me tiemblan las piernas con su voz, me protege, me cuida y me hace el amor follando cada vez, como si fuera la última.

Soy una mujer pegada a un móvil, esperando los mensajes de Diego. Cada vez que suena la notificación, se me desboca el corazón, pierdo la cabeza, y mi sexo se humedece como si le tuviera delante. Es puta conexión lo que tenemos. Y eso no suele pasar muchas veces en la vida, de hecho, para mí es la primera vez.

Me siento segura con él, su forma de mirarme, sus grandes manos, sus labios carnosos, su altura. Es un conjunto de todo él. Parezco una muñeca a su lado, me llama “mi pequeña” y yo me siento más grande y más frágil en sus brazos. Nuestros cuerpos encajan a la perfección a pesar de la diferencia de altura, nuestros gemidos son música sonando a la vez cuando nos corremos al unísono. Él tan salvaje, tan tierno, tan de mover mi cuerpo a su antojo; y yo…yo me dejo.

Me dejo a ciegas guiar por él, se me abre el cielo cuando nos vemos. A ratos, a medias noches, a escondidas de todo el mundo.

Nuestras vidas transcurren entre habitaciones de hotel y mi apartamento. Nadie puede vernos. Yo sé lo que hay, y decido seguir con ello. Porque prefiero tenerle así antes que nada. Tengo que ser paciente, mi punto débil, y con él me hago eterna. Espero horas, días, noches, amaneceres, todos los que hagan falta por volverle a ver.

Hace unos días me dio un vuelco el corazón, no me engaño. En el puto centro comercial donde me encontré con él y su mujer. Qué situación más extraña, hacer como si nada, mientras mi alma se partía en dos. Menos mal que a los pocos minutos recibí ese whatsapp: “Tranquila pequeña, te quiero.”

Y yo qué sé, me calmo. Tiene ese poder en mí. Yo que siempre he sido tan pacífica y de no meterme en medio de dos, me desvivo por ser la nota discordante que rompa la aparente armonía de su matrimonio. Porque sé que me quiere, baila conmigo al compás de mi latido, nos hacemos canción con solo mirarnos.

Me pregunto cada mañana cuánto tiempo quedará para nuestro sueño. Y a la vez, disfruto cada momento como si fuera el último, porque quien sabe… esta puta vida te la juega tantas veces, que a la vuelta de la esquina te da un portazo en toda la cara, y te revienta el corazón en mil pedazos.

Espero en mi apartamento con una botella de Moët & Chandon sentada en el sofá, braguitas negras de encaje, liguero y medias hasta el muslo. Labios rojos y su corbata colgada en mi cuello. Los Planetas sonando de fondo.

Me da igual. Yo solo quiero seguir sonando con él.

A la mierda el estribillo.

 

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