No te vayas, puedo ser peor – @JokersMayCry

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Quizá me reconozcas por todo lo que he cambiado, por ser la chica de los ojalás despeinados en los labios, la de la mirada triste cuando el borde de la copa le deja una sonrisa mojada en la barra, la del whisky barato con recuerdos de gran reserva. Quizá me recuerdes por haberle dado mis alas a las mariposas que habitaban mi estómago, por haber roto mi cielo para poner baldosas de nubes bajo tus pies, por haber encerrado tu risa en una caja de música y abrírtela los días de lluvia, por ser la chica que un día te dejó un folio en blanco con lo que le quedaba de cordura.

Quizá te acuerdes de cómo odiaba el golpe de realidad que venía tras el orgasmo, por cómo se desnucaron mis sueños en tu almohada, por cómo intenté desordenar el mundo para tenerte más cerca mientras tú te alejabas, por cómo huía de ti en dirección contraria porque el mundo es redondo, por cerrar la puerta sin saber a qué lado me quedaría. Quizá hayas soñado con esa casa redonda que quería para no llorar por las esquinas, quizá rememores que las mismas cosas que no me dejaban dormir eran las que no me permitían levantarme de la cama cada día.

Quizá no hayas olvidado el hilo con el que cosí tus latidos a los míos y que la sonrisa del destino cortó, las tiritas que le intenté poner al cielo porque creía que el amanecer era la herida abierta de la noche, que fui sol jodiéndote la luna llena y luego oscuridad arrebatándote la luz. Quizá aún recuerdes que siempre decía que esto no tenía ni pies ni cabeza, pero que le sobraba corazón, también que vivimos en un mundo que olvida promesas y recuerda errores, que, si te quise en este mundo de mierda, cómo no lo habría hecho en uno mejor, que, si algún día lo veías todo oscuro a tu alrededor, era porque eras una estrella y cien idioteces más, como que lo bonito de la duda estaba en creer que podía suceder cualquier cosa o que las distancias se usaban para coger carrerilla.

Y aquí estoy, con mi vitrina llena de trofeos al mejor fracaso, con cien demonios peleándose dentro de mí porque no saben repartirse siete pecados, con noches tan largas que deberían considerarse arma blanca, yendo a un infarto por latido, a una pesadilla por parpadeo, sabiendo que estoy cayendo porque no puedo dejar de acelerar. Aquí estoy, con la resaca que hay tras el romance, siendo el verso escrito a lápiz al margen de un poema y tachado a pluma y sabiendo que lo peor de hablar conmigo misma es cuando empiezo a escucharme. A veces, el corazón más frágil y roto desea destruirlo todo y empieza por sí mismo.

Te dije que podía hacerlo peor, pero tú nunca creíste en milagros.

 

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