No sé qué hacer conmigo – @igriega_eme

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Termina de caer el último grano de arena del reloj y pienso que ese, es el único artilugio del que me afianzo para ir de vuelta al pasado, es un cómplice de mis recuerdos que se van parchando con capas de polvo y ceniza.

Esa mañana me di cuenta de tu ausencia, y no significa que en algún otro momento no lo hubiera notado, sino que esta vez, dediqué más minutos de lo usual, a contemplar las pequeñas migajas de pan que reposaban en mi plato y me distraje más de la cuenta delineando en la mente las sombras que proyectaba cada bolita de azúcar y me imaginé cómo se ven todas las ciudades del mundo vacías de ti.
Necesito comer otra pieza de pan, y el papel de estraza cruje al tiempo que mi mano, casi en automático, extrae un croissant todavía caliente, y tu presencia se diluye en el chocolate casi hirviendo y lleno de espuma.
No sabías leer y sin embargo, te escribí miles de historias en las que eras mi compañía en cada aventura que imaginé para ambos, creía en la infinitud del lazo invisible que nos unió por siempre desde aquel día en el que te conquisté con una tortilla remojada en caldo de pollo ambulante. Después de ese día, ansiabas un trozo de tortilla habiendo completado una hazaña, eran acciones cotidianas, pero yo, las bauticé como hazañas.
Hoy miro mi libreta, ausente de letras y de puntos y de comas, y de pronto, todas los bolígrafos del planeta se quedan sin tinta y es que me falta tu mirada llena de sonrisas y tú locura, me falta ver tu pelo dorado desafiando al sol y las maromas que hacías en el piso del salón.
Y es que no sé qué hacer conmigo, no sé dónde ponerme para que este espacio que llamó casa, no me quede tan grande, me falta el lodo en el piso y las bolas de pelo en las esquinas de la memoria.
Es que en la víspera las lágrimas corren solas y no hay kleenex suficientes en el mundo, es por eso que a veces, prefiero no pensarte y me callo tu nombre, porque en lo mucho que te quiero, no ha pasado el tiempo, y deseo escuchar el clack clack de tus patas cruzando el umbral y corriendo hacia mi, con tu pelota favorita, y yo brincando de alegría y tu, llenándome de dicha, perro de mi corazón.
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