No sé dónde vas, pero voy – @PoetaImpostor

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“No te quiere, lo sabes.”

Me repito el pensamiento una y otra vez. Taladro mi cabeza con pros y contras perfectamente seleccionados acerca de qué tanto bien me hace sentir algo por ti. Me atormento demasiado a tan corta edad. ¿Qué es el amor? ¿Realmente vale la pena pasar por todo esto para obtener un poco de ese sentimiento que claramente no es a como los libros quieren vender(nos)? Un sentimiento que ni siquiera estoy seguro de querer experimentarlo.

Todo es inercia. He visto una pareja besarse en el parque y me he creado todo un cuento conmigo mismo de protagonista, y tú a mi lado jugando a quererme. A este punto dudo mucho que sea siquiera un destino. Creo que es más bien algo pasajero, insensato, de impulso, tal como cualquier otro vicio. Sólo que a este nadie le pone etiqueta de ser nocivo.

Todos lo consumimos desde pequeños con algunos te quiero y te extraño y te necesito como si fuera gran cosa. Nací sin ti, ¿sabes? Viví dos décadas antes de que llegaras y en cada uno de mis años me sentí pleno, compartí, viví, quise e hice todo lo que se me antojó en su momento. ¿Por qué ahora no habría de poder? ¿En dónde se estipula que un día conoces a una persona y al siguiente es imposible seguir sin ella? ¿Quién dice que debo amarte primero a ti que a mí? Si necesitamos de una media naranja para sentirnos completos entonces el problema somos nosotros. Quizás nos queremos muy poco para entender que somos un número par que no necesita mitades. Necesitamos gente a nuestro lado que aporte y nos haga crecer. Desarrollarnos en un ambiente sano dónde alegrarnos cuando las personas que nos rodean logren algo importante en sus vidas.

Es absurdo. Lo siento. No te creo.

Juego con el borde de un shot de tequila en la barra de un bar cualquiera con música que ni siquiera me atrae. Lo hago para matar el momento (y matarme a mí) sin llegar a preocuparme demasiado (preocuparme por ti) mientras ahogo en alcohol algunos pensamientos (tuyos) que no quiero (pero no sé cómo suprimir) un viernes por la noche en los que mis amigos han decidido quedarse en casa. (Les he rechazado; dije que estaba demasiado cansado para salir, y bueno… ya ves.)

Pienso un poco en todo lo que vivimos, en las cosas que hicimos, en todo lo que nos dijimos cuando un impulso viene hacia mi, me intercepta y quiero cambiar de ciudad, de nombre, negar tu existencia y asesinar con mis propias manos incapaces al tipo triste y gris que se encuentra medio noqueado en alcohol. Me encantaría tener ese poder. Quiero ponerme de pie, gritar a todo pulmón que no te voy a buscar nunca más, que mañana seré capaz de andar por las calles sin ese mal hábito de conectar los números y los cruces que me llevan a la acera frente a tu casa.

Quiero quedarme sin voz y no poder decir tu nombre mañana, porque siempre recurro a esa maldita necesidad de preguntar por ti mientras me hago pasar por otros en anónimo.

Se acerca el bartender a decirme que ya es suficiente y pronto cerrarán, de paso me ha llamado amigo, ¿qué tan mal debo lucir para que alguien ajeno venga a compadecerse? Quiero decir… Sólo soy un borracho sufriendo por amor, ninguna gran cosa.

Afuera ha amanecido. Qué rápido se pasa el tiempo viene embotellado y listo para su venta a personas un tanto grises y desamparadas. Otra mañana a la que no sé dónde ir, y sin embargo debo hacerlo.

 

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