No saldría nunca de la cama – @igriega_eme

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No me hables de mariposas, hace tanto tiempo que no revolotean por aquí, que hasta las flores extrañan los pares de alas con polvos de colores  batiéndose por las mañanas sobre sus corolas, es tanto su desasosiego,  que se han desteñido una a una hasta volverse monocromo, esperanzadas abren sus pétalos e imaginan amaneceres en los que encuentran su camino de regreso.

Pienso algunas veces, que se encuentran en peligro de extinción y que cada vez menos podré sentir su presencia rondando por aquí.

Y es que hace tanto tiempo de la última vez que morí de amor, que parece que resucité para siempre con inmunidad permanente.   A veces tengo la certeza de que las mariposas no han vuelto, no porque no sepan cómo, sino porque el hueco de mi estómago está lleno de nutella.

Las margaritas al saberse inservibles para contestar mis preguntas, se volvieron voluntariamente mudas, y no hablan más ni con el pájaro, ni con el abejorro, ni con las otras flores.

Las últimas alas que tuve fue cuando Alejandro, que en realidad no se llama Alejandro, reapareció después de no vernos desde el ultimo año de escuela.

Su vida parecía rota y él con dispuesto por ir adelante.  Me construyó unas preciosas alas con inteligencia y cautela y poco a poco, cómo quién ha encontrado lo que desde hace tiempo había buscado.

El vuelo duró poco, las alas parecían más fuertes de lo que eran, así que de la noche a la mañana, se desplumaron y me fui en picada al abismo, sin más explicación, sin palabras, sin nada.

Pensé que nunca saldría de la cama, él se devolvió al pasado y salió de mi presente; desapareció como lo hacen los fantasmas y se llevó las mariposas y las rosas.

Hoy, los colores ya están en todos lados, menos en mi jardín monocromático.

 

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